sábado, 28 de julio de 2018

María Auxiliadora Álvarez


Nació en Caracas en 1956. Estudió Letras Hispánicas en Estados Unidos y Artes Plásticas en Colombia y Venezuela. Ha dado clases en Miami University (Ohio), University of Illinois y UNAM (México). Ha hecho crítica literaria y cultural, y ha expuesto en diferentes ocasiones su trabajo plástico. Ha publicado los libros de poemas: Cuerpo (1985), Ca(z)a (1990), Inmóvil (1996), Pompeya (2003), El eterno aprendiz y Resplandor (2006).

Es Premio de Poesía del Consejo Municipal de Cali (Colombia, 1974), el Premio Fundarte de Poesía (Caracas, 1990), y el Internacional Award María Pia Gratton (USA, 1999), entre otros.


Cuerpo
(1985)


1

hubiera podido reunirlo
el dinero doctora
vaca amarga castrada que me agrede
para tener mejor asistencia
su ojo más detenido
si el embarazo durara varios años
a medida que me hubiera ido inflamando
cada arcada
                            cada pelo que cayese
cada estríalo hubiera ido guardando
recordando
                    su baba
 bata blanca sanguinaria
porque yo trabajo mucho
vaca baba bata blanca corrosiva que me agrede
lo hubiera ido reuniendo
                              desde niña
de haber tenido alguna pequeña inflamación
                                                 que lo indicara
a medida que usted fuera estudiando
yo lo estuviera contando
abajo
al centro de mis cuclillas
donde ahora usted lo busca
su baba blanca castrada
no se le hubiera ensuciado
con mis fragmentos acuosos
hijo carnicero órgano semental
hubiera podido reunido
el dinero doctora
porque yo trabajo mucho
baba amarga                    vaca blanca

4
usted nunca ha parido
no conoce
el filo de los machetes
no ha sentido
las culebras de río
nunca ha bailado
en un charco de sangre querida
doctor
NO META LA MANO TAN ADENTRO
que ahí tengo los machetes
que tengo una niña dormida
y usted nunca ha pasado
una noche en la culebra
usted no conoce el río

17
sola con él
el cuerpo que we desangra el hedor
el Cerdo
             que se revuelca
                                      lento
de nuestros hijos
de nuestros padres gelatinosos
por miedo
por escrúpulo de sangre no debías haberte ido durante el Cerdo
y dejarme 
               con el ojo de grasa
                                             que se revuelca
                                                                     lento
desde la infancia
                          y hacia la muerte
        



1 comentario:

  1. Tan crudo y a la vez tan en contacto con la tierra, con eso que solo es posible saber porque se ha vivido. Solo las mujeres de la tierra, de la verdadera Pachamama, saben expresar así el dolor de parir, de perder, de amar... Este poema es casi táctil.

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