La Humana Paradoja
Espacio donde rendimos tributo a la Poesía
jueves, 23 de agosto de 2018
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| 17 de Enero, 2010 · POEMAS |
La princesa está triste
La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa, que ha perdido la risa, que ha perdido el color. La princesa está pálida en su silla de oro, está mudo el teclado de su clave sonoro, y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor. El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales. Parlanchina, la dueña dice cosas banales, y, vestido de rojo, piruetea el bufón. La princesa no ríe, la princesa no siente; la princesa persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión. ¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China, o en el que ha detenido su carroza argentina para ver de sus ojos la dulzura de luz? ¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes, o en el que es soberano de los claros diamantes, o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz? ¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa quiere ser golondrina, quiere ser mariposa, tener alas ligeras, bajo el cielo volar; ir al sol por la escala luminosa de un rayo, saludar a los lirios con los versos de mayo, o perderse en el viento sobre el trueno del mar. Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata, ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata, ni los cisnes unánimes en el lago de azur. Y están tristes las flores por la flor de la corte; los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte, de Occidente las dalias y las rosas del Sur. ¡Pobrecita princesa de los ojos azules! Está presa en sus oros, está presa en sus tules, en la jaula de mármol del palacio real; el palacio soberbio que vigilan los guardas, que custodian cien negros con sus cien alabardas, un lebrel que no duerme y un dragón colosal. ¡Oh, quien fuera hipsipila que dejó la crisálida! (La princesa está triste. La princesa está pálida.) ¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil! ¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe (La princesa está pálida. La princesa esta triste.) más brillante que el alba, más hermoso que abril! "--Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-; en caballo con alas, hacia aquí se encamina, en el cinto la espada y en la mano el azor, el feliz caballero que te adora sin verte, y que llega de lejos, vencedor de la Muerte, a encenderte los labios con su beso de amor." |
CAPRICHO de Delmira Agustini
Al Excelso escritor uruguayo Manuel Medina Betancort
Entre el raso y los encajes de la alcoba parisina
La enfermiza japonesa, la nostálgica ambarina,
Se revuelve en las espumas de su lecho de marfil;
El incendio de la fiebre ha pintado en sus mejillas
—Sus mejillas japonesas como rosas amarillas
Sangraciones de claveles, centelleos de rubí.
Vibra en llamas del delirio la muñeca principesca,
Se estremecen los marfiles de su faz miniaturesca,
Su pupila enloquecida lanza chorros de fulgor;
Burbujeantes las palabras efervescen locamente
Con hervores de champaña de su boca balbuciente,
De su boca de topacio, moribunda, sin frescor.
Sueña ahora de su infancia: blancas, leves las visiones
Van pasando juguetonas en alígeras legiones,
Con sus vestes de albas gasas, con sus nimbos de claror;
Nievan lirios, perlas, rosas, rosas blancas como espumas,
Avecillas eucarísticas, suaves copas de albas plumas,
Son las aves del recuerdo, van diciendo su canción.
Cruza ahora misteriosa, inefable, aristocrática
Una pálida figura de expresión honda, enigmática,
Perezosos movimientos, fatigoso, lento andar;
En sus ojos tristes, suaves, hay miradas que sollozan,
Hay reproches hondos, dulces, que acarician, que destrozan,
Con la blanda inconsistencia del enojo maternal.
La enfermiza japonesa, la nostálgica ambarina,
Se revuelve en las espumas de su lecho de marfil;
El incendio de la fiebre ha pintado en sus mejillas
—Sus mejillas japonesas como rosas amarillas
Sangraciones de claveles, centelleos de rubí.
Vibra en llamas del delirio la muñeca principesca,
Se estremecen los marfiles de su faz miniaturesca,
Su pupila enloquecida lanza chorros de fulgor;
Burbujeantes las palabras efervescen locamente
Con hervores de champaña de su boca balbuciente,
De su boca de topacio, moribunda, sin frescor.
Sueña ahora de su infancia: blancas, leves las visiones
Van pasando juguetonas en alígeras legiones,
Con sus vestes de albas gasas, con sus nimbos de claror;
Nievan lirios, perlas, rosas, rosas blancas como espumas,
Avecillas eucarísticas, suaves copas de albas plumas,
Son las aves del recuerdo, van diciendo su canción.
Cruza ahora misteriosa, inefable, aristocrática
Una pálida figura de expresión honda, enigmática,
Perezosos movimientos, fatigoso, lento andar;
En sus ojos tristes, suaves, hay miradas que sollozan,
Hay reproches hondos, dulces, que acarician, que destrozan,
Con la blanda inconsistencia del enojo maternal.
. . . . . . . . . . .
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Extinguióse ya la fiebre, la enfermita no delira,
Centellea en sus pupilas el sol rojo de la ira
Y sus brazos se retuercen como sierpes de marfil;
Brota un nombre de sus labios entre espuma y maldiciones,
Su nacáreo cuerpecito se revuelca en convulsiones,
Tremular de lirio enfermo, sacudidas de jazmín.
Es que vibra en su cerebro con malditas resonancias
El recuerdo del lord rubio de imperiales arrogancias,
El altivo millonario de los ojos de zafir,
El que en redes misteriosas de promesas quebradizas,
Apresó el pájaro blanco de su almita asustadiza
Arrancándola a sus padres, sus ensueños, su país.
Centellea en sus pupilas el sol rojo de la ira
Y sus brazos se retuercen como sierpes de marfil;
Brota un nombre de sus labios entre espuma y maldiciones,
Su nacáreo cuerpecito se revuelca en convulsiones,
Tremular de lirio enfermo, sacudidas de jazmín.
Es que vibra en su cerebro con malditas resonancias
El recuerdo del lord rubio de imperiales arrogancias,
El altivo millonario de los ojos de zafir,
El que en redes misteriosas de promesas quebradizas,
Apresó el pájaro blanco de su almita asustadiza
Arrancándola a sus padres, sus ensueños, su país.
. . . . . . . . . . .
Y en la cárcel principesca de la alcoba parisina
La olvidada japonesa, la nostálgica ambarina
Desfallece sofocada por agónico estertor,
¡Oh, mimosa susceptible, por un soplo deslucida!
Devolviérale la gracia, devolviérale la vida
Una gota de cariño, un efluvio de su sol!
En sus ojos, hondos cauces, hay un algo extraño, helado,
Reflectores de la muerte, ésta en ellos se ha mirado
Y es su imagen la que flota en su fondo de carey,
Pero... súbito se animan, arde en ellos la alegría,
Alegría de muriente con vislumbres de sombría,
La enfermita vibra toda su figura de poupée;
Sus deditos finos, pálidos, como niños macilentos,
Han tomado, y ahora oprimen con nerviosos movimientos
Un marchito crisantemo; blanco hermano del Japón!
Él también sufre nostalgias, hondas, diáfanas, impías
Abejillas de oro y ópalo que se clavan lentas, frías,
En el glóbulo de aromas de su raro corazón.
La enfermita las comprende, las nostalgias amarillas
Del pequeño moribundo, y le acerca a sus mejillas
Y a sus labios en arranques de cariño fraternal,
Es su hermano, sí, es su hermano ese copo de albo lino,
Como ella agonizante, como ella nacarino,
Como ella desmayando en lujosa soledad.
La olvidada japonesa, la nostálgica ambarina
Desfallece sofocada por agónico estertor,
¡Oh, mimosa susceptible, por un soplo deslucida!
Devolviérale la gracia, devolviérale la vida
Una gota de cariño, un efluvio de su sol!
En sus ojos, hondos cauces, hay un algo extraño, helado,
Reflectores de la muerte, ésta en ellos se ha mirado
Y es su imagen la que flota en su fondo de carey,
Pero... súbito se animan, arde en ellos la alegría,
Alegría de muriente con vislumbres de sombría,
La enfermita vibra toda su figura de poupée;
Sus deditos finos, pálidos, como niños macilentos,
Han tomado, y ahora oprimen con nerviosos movimientos
Un marchito crisantemo; blanco hermano del Japón!
Él también sufre nostalgias, hondas, diáfanas, impías
Abejillas de oro y ópalo que se clavan lentas, frías,
En el glóbulo de aromas de su raro corazón.
La enfermita las comprende, las nostalgias amarillas
Del pequeño moribundo, y le acerca a sus mejillas
Y a sus labios en arranques de cariño fraternal,
Es su hermano, sí, es su hermano ese copo de albo lino,
Como ella agonizante, como ella nacarino,
Como ella desmayando en lujosa soledad.
. . . . . . . . . . .
. . . . . . . . . . .
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Duerme, duerme la enfermita entre cirios de oro escuálidos
Hay un muerto crisantemo en sus dedos finos, pálidos,
Su cajita funeraria es estuche de blancor.
Hay un muerto crisantemo en sus dedos finos, pálidos,
Su cajita funeraria es estuche de blancor.
. . . . . . . . . . .
En lo alto: al regio alcázar del Eterno, del Clemente,
Entre angélicos festejos, leve, diáfana, sonriente,
Llega el alma de una niña, trae el alma de una flor!
Entre angélicos festejos, leve, diáfana, sonriente,
Llega el alma de una niña, trae el alma de una flor!

domingo, 19 de agosto de 2018
Holderlin por Manuela Montilla
"Este poema lo copié en una librería cuando conocí la poesía de Holderlin... Trabajaba allí pero no podía comprar el libro". Manuela
jueves, 16 de agosto de 2018
lunes, 13 de agosto de 2018
Carlos Contramaestre

Carlos Contramaestre (Tovar, 1933 - Caracas, 1996). Médico, pintor, poeta. Perseguido político durante la dictadura de Pérez Jiménez, a su regreso fundó, junto con Caupolicán Ovalles, Edmundo Aray, Adriano González León, Rodolfo Izaguirre y Daniel González, entre otros, el grupo El techo de la ballena.
De su obra poética puede destacarse: Por decreto y por sueños de Maximina Salas (1968), Armando Reverón, el hombre mono (1969), Cabimas-Zamuro (1977), La mudanza del encanto (1979), Metal de soles (1982), Como piel de ángel (1983) y Tanatorio (1993). En el 2007, Monte Ávila Editores Latinoamericana publicó Antología poética, en la colección Altazor, con prólogo de Edmundo Aray.
Raíz de mandrágora
Todos saben que llegaste rozando estrellas cometas y navíos
Lluvias de azafrán
Yo comienzo a florecer después del estío
Tú empiezas a germinar en la noche como una planta salvaje
Soy la yerba por donde trotas hacia el cielo
perturbando la redondez de la tierra
la idea que tenemos sobre el futuro
o el curso de las aguas donde flotamos
Todos saben que eres lluvia desnuda
raíz de mandrágora
vida rumorosa
catedral antigua
liquen sumergido entre mis rocas
(Publicado en Como piel de ángel)
***
Vellocino
a Caupolicán Ovalles
El cuenco de nácar cría hierbas al borde de la vulva
estremece perfumes seminales
anuncia ofrendas destinadas a la lengua salvaje
y al sentimiento de las abejas
que respiran miel sobre su aliento
El vellocino enmascara ese delirio nocturno
y la almendra se desnuda al paladar
a los aceites a las sombras:
Nos devuelve la vida.
Armadura vegetal para encontrarte
fragorosa como una estrella
pálida en el aire
Dulce al amanecer como montaña
imperceptible sueño colibrí
Abierta como estás a las zarpas de la noche
vigilo la caída de la luna
sobre tus dientes de canela
Me recobro de tanta tristeza
me acomodo junto a tu dulce corazón
despertando en ti tibias alegrías
***
Pedrería y fulgor
a Sergio de Camargo
En medio de las telas del bosque
una princesa enjoya las hojas
con sus ademanes de piedra preciosa
En medio del silencio de los días
una voz delgada como canto de pájaro
envuelve la soledad
¿Qué será de mi ahora que los
astros se acercan a la oscuridad
de tu rostro
para alumbrarme?
Todo proviene del pasado
estaba escrito en mi memoria
en los sueños de mi tribu perdida
Sé que todo se ha cubierto de aguas
para rescatarte en mitad del cielo
como ave sagrada que desciende a la tierra
Te he invocado princesa
no sé qué olvido me corresponde
no sé qué conflagración me amenaza
en medio de las noches
No puedo seguir vagando
las estaciones te imitan para ocultarte
Sólo la canela del olvido
el aire resplandeciente de las centellas
y un sonido bajo las aguas
presencia tu sombra
y tu nacimiento
Estabas en le lecho de las guerras
predestinada al viento
a la lluvia del paraíso
al delirio de los iluminados
Apareces en medio de turbas de pájaros
y serpientes conduciendo el oro del sol
los atavíos del alma
el fuego de la tierra
Y no espero nada más
apenas el ruido de los conejos de monte
el paso de las luciérnagas
como telas imantadas para tu cuerpo
Un viaje nos vuelve a la vida verdadera
un corazón que espera
refleja sus máscaras nocturnas
en los sembradíos de las montañas
Todo se hace pedrería y fulgor
Princesa
es el aire que viene de muy lejos
entre tonadas tristes
Princesa de olvido
(Ambos poemas publicados en Metal de soles)
María Clara Salas
Nació en Caracas (1947). Poeta, filósofa y docente universitaria. Doctora en Filosofía por la Universidad Central de Venezuela. Entre sus publicaciones poéticas se encuentran: Dibujos de la sombra (Celarg, 1980), Linos (1989), Un tiempo más bajo los árboles (Monte Ávila Editores, 1991), Cantábrico (El pez soluble, 2003), 1606 y otros poemas (2008).
Con Linos obtuvo el Premio Bienal de Literatura "José Rafael Pocaterra" (1986), Premio Municipal de Poesía (1991), Premio Consejo Nacional de la Cultura "Francisco Lazo Martí" (1992), Primera Mención en la Bienal "Mariano Picón Salas" (2001).
A continuación algunos poemas de Un tiempo más bajo los árboles (Caracas, Monte Ávila Editores, 1991):
los elegidos
elegidos son en verdad
los que a sí mismos
se tienen como tales
elegidos por azares propicios
para la sabiduría
y la rara virtud
nos atraen
aunque no somos de su número
especie feliz
oportunos en la risa
diestros en la difícil cualidad
de apreciar lo fugaz
viejos
en el arte de los encantamientos
***
mediodía
a mediodía
brillan las piedras
el cielo parece descender
las hojas de los árboles son espejos
nada se mueve
sin embargo
hay muchos aparecidos
a esta hora
el hálito de los muertos
cruza las sabanas secas
y al pasar
quebramos ramas blancas
muy semejantes a huesos
***
nave
los ojos de la nave
observan el mar
elí dice que tifis fue castigado
por los dioses
dioses arbitratios
celosos
¿acaso podemos estar al margen de lo divino?
¿quién impedirá nuestro viaje
a las aguas celestes?
de ellas venimos
a ellas volveremos
***
un tiempo más bajo los árboles
no hay estación en el río
sólo movimiento
en él disperso
la sorpresa de estar
un tiempo más bajo los árboles
simple tregua
mientras todo se borra
después
otros encontrarán el río
olerán las flores
conocerán también
el esplendor del mundo
***
3.
a veces llega
la noción de lo eterno
crece
la belleza inesperada
del movimiento
del árbol
contrario a lo que pueda suponerse
las cosas hablan
repiten
el nombre
del dios desconocido
***
5.
lo sagrado camina por todas partes
sorprende que su presencia
no sea notada
por algunos
la risa de los que se han ido
se oye en los campos
el silencio de la noche
apenas logra
acallar sus voces
la delicia del agua
entra
en nosotros
cuando de improviso es movida
por manos invisibles
***
7.
puedo volver a ese bosque
de doradas hojas
donde las infinitas deidades
de pussin
se tienden sobre la verde hierba
y dejan sus desnudos cuerpos
a merced
de un aire transparente
***
11.
lo importante es el mar
el golpe de la ola
contra las rocas
tu presencia
hijo
tus manos
que prolongarán mi especie
la raza de los vanamente atormentados
la raza de los adoradores del mundo
***
13.
no entiendo
aquello que se dice más allá de los sentidos
este mundo
a veces es perfecto
y es fácil olvidar cualquier otro
***
DEJA QUE TUS SENTIMIENTOS VAGUEN LIBREMENTE
acepta ese sentimiento
pierde la razón
conviene que te burles de ti misma
de esa inclinación desordenada
hoy debes recordar
que eres ceniza
***
TENGO LA IMPRESIÓN
de haber pasado
por alto
momentos importantes
la página blanca
no será llenada
con la insensata
refelexión
dejaré mi cuerpo en la arena
y por esta vez
renegaré del silencio
viernes, 10 de agosto de 2018
Cecilia Ortiz
Nació en San Casimiro (estado Aragua) en el año 1951. Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela. En 1978 publicó su primer poemario: Trébol de la memoria.
Entre sus publicaciones se encuentran: La pasión errante (1986), Autorretrato (1993), Naturaleza inventada (2004), Entremarino (2006), Daños espirituales (2007) y La espera imposible (2017).
Ha dirigido numerosos talleres literarios en instituciones pública y privadas.
Poemas de La pasión errante:
I
Imposible dormir.
Oigo el oleaje de su respiración.
El brazo en mi pecho
pulso de la tierra.
He perdido todos los sueños
en su cuerpo.
***
III
Mis besos ahora no duran
más de tres horas.
Antiguamente
eran para la eternidad.
Mis besos no son los mismos
desde que conocieron la muerte.
***
IX
Qué hago ahora que vengo
del planeta de tus brazos.
No me reciben.
No entienden mi desafuero.
Cambiaron las formas,
se expanden las llamas.
No se contienen.
Me dejaste una pasión
que ahora no sirve a nadie.
***
XV
Un universo de tinieblas
nos rodea.
Es a ti a quien amo.
Desnudos, hambrientos,
a la intemperie,
sin cielo.
Los cuerpos se buscan.
No hay paz
hasta que el sol de la piel
los esparce.
Entra la luz por la ventana.
La vida muere en los sentidos.
Otro final conduce al encuentro.
***
XXIV
Abrázame.
Sólo la piel restaura lo perdido.
En la oscuridad está el abrigo.
***
Poemas de Autorretrato:
Paraíso grabado
Luna huye conmigo
hacia la noche borrada
Sol desciende como aspiro
Ave vuélame en plumas febriles
Barca húndeme y tropieza
los pedazos de madera
llévame en aguas desconocidas
Ventana acércame a los cristales húmedos
Ruido ensordece la voz alada
Fantasmas bajen de mí
disuelvan sus pesadas redes
Paz habita la cáscara
Pieles únanse en el descanso
Besos quemen la boca
Llaves abran el paraíso grabado
***
Anonimato
Si muerdo de cerca la vida
asusto
Puedo electrocutar la ciudad
pero la ciudad me ignora
***
Tejedora en abril
Tristeza
se acabó la pared colgante
sólo queda la palabra fugada
la punta del hilo
para tejer de nuevo
***
Temblor del día
Vivo en el futuro
Página devorada por las horas
Amo ese día brillante que tiembla por mi día
***
Conquista
Una carga de frutos pesados
no me hace amarga
Soy un ser conquistado por la delicia
jueves, 9 de agosto de 2018
José Lira Sosa
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| Foto de Enrique Hernández D'Jesús |
Maturín (estado Monagas) 1930 - Porlamar (estado Nueva Esparta) 1995.
Poeta, dramaturgo, docente y periodista
Considerado por Hesnor Rivera como el fundador del surrealismo venezolano, junto a Juan Sánchez Peláez, de quien fuera discípulo.
Entre sus libros destacan Fiat-Lux (1954), A la gran aventura (1960), Vicios ceremoniales (1965), Por mi cuenta y riesgo (1967), Oscuro ceremonial (1975), Contraseña (1981), Enseres y atavíos (1989), Con la palabra en la boca (1994), Alrededor del fuego (2007) donde se reúne toda su poesía. En dramaturgia destacan las obras Círculo vicioso y La rebelión de los muñecos.
A continuación algunos de los poemas que conforman el libro Enseres y atavíos.
Imperativo
Sé cauce de pájaro en las coordenadas
frágiles del sueño
vuelo del río para mis manos
inhábiles
Sé brote de planta medicinal
parábola de piedra preciosa
lanzada al aire libre
hamaca en el roce
de las pieles desnudas
mañosa en el agua
gota a gota en la caricia
sucesiva
Sé la furtiva la asediada
la sorprendida
Sé vientre propicio
única almohada lacerada
por mis uñas
Sé la línea de fuego
desplaza el círculo amarillo
Sé tú la única la exaltada
en el asombro de los flamboyanes
***
Día de caza
La piedra confía en la honda
en el párpado avizor
fiel al tino de la mano amiga
encuentra el ala del pájaro
su plumaje invicto
Vuela la piedra en destellos celestes
corta la hojarasca
donde anida el sueño
El relámpago sangriento
turba el reposo
de la doncella al pie del árbol
entre sus muslos
el ave ensaya los últimos picotazos
trémulos
La tarde tizna
la hierba húmeda que arropa
el puñado de plumas olvidado
por los amantes.
***
Talismanes ineficaces
Nada de presagios
enturbiados por los gestos
Nada de profecías andrajosas
recogidas a la vera del camino
Nada de voces al calor
de leños susurrantes
en las salas del sacrificio
en los zaguanes nostálgicos
en la pelambre de los lobos
ancestrales
Los hechos se reducen
a una lámpara seducida por la penumbra
Una lámpara colgada al borde del precipicio
para purificar a llama lenta
el temor a car en la trampa
a ser aprisonado por el abismo
Los talismanes pierden su eficacia
desafiados por el miedo
a transformarse en llaves
en piedras de toque
en puertas abiertas a bosques inimitables
Sólo el resplandor
el esmalte abatido de tus muslos
ofrendan el equilibrio
de una ebriedad perdida en el paraíso.
***
Poema 1
Acostada en la arena
bajo el planear de alas blancas
la cabellera de la mujer
tejida de plumas de pájaro
que hunden sus garras
en la espuma furiosa
y las algas servidas
con los senos al viento
de la tempestad
***
Poema 2
Los maderos frescos de las piernas
asumen los ímpetus del naufragio
El nido
de flores hundidas
y las rejas abiertas
escurren entre los dedos
pequeños faroles encendidos
que alumbran el vacío.
***
La tala
Oigo el fervor destilatorio
la savia recién cortada en chasquidos
de machetes sudorosos
Escucho el silencio predilecto
que modela el barro de los amuletos
la sombra ruidosa de los árboles
talados al medidodía
Percibo su derrumbe en un naufragio
de intacta clorofila
Luego abandono el bosque
para perseguir tu silueta tatuada
en los bejucos
provocadora y pertinaz
huyes a campo traviesa
dejando una estela de culebras
hechizadas
por el ritmo de tu paso.
***
Otro vaticinio
Perseguida
por las cicatrices de la calamidad
despojas tus muslos de los amuletos
estampados por mi lengua
para espantar los pájaros del sacrificio
Momia perspicaz ocupa tu lugar
en el laberinto
acecha la fragancia de otro vaticinio
descubre el rostro cómplice
en los confines
donde el letargo cuelga
en la penumbra de la lámpara
vertida como tela de araña
Tú despojada por la lluvia
oxidada en el sopor
de las cortinas de arena
Tú vuelas por esos derroteros.
martes, 7 de agosto de 2018
Aquí les comparto los poemas de Estoy de luna llena, de Martiza Guaderrama. No tengo demasiados datos sobre la autora. Lo que puedo contarles de este libro es que lo descubrí en la biblioteca de un sitio donde trabajé a principios de los 90, me llamó la atención y lo hojeé, ahí tuve mi primera conexión real con la poesía, tanto así que cuando me fui de ese sitio decidí llevarme el poemario conmigo.
Este poemario ganó el Premio Fernando Paz Castillo en 1988 y se publicó en 1989, tiene apenas 46 páginas y consta de dos partes: «Piel de eclipse» (21 poemas) y «Estoy de luna llena» (15 poemas). Los poemas son muy breves y no tienen título. En esa edición del premio el jurado estuvo conformado por Yolanda Pantin, Eleazar León y Eduardo Castellanos.
«Piel de eclipse»
Vienes cansado
de arrastrar cuartos menguantes
Emerjo de la luna que soñabas
Olvida si las noches
no te borraron el nombre
Hoy responderás
a cualquier sonido de mi cuerpo
y todo lo que hagas
lo llamaré placer
***
No me busques
Estoy yendo hacia ti
pese a ti mismo
He visto tu miedo de cangrejo
tu sed de mar picado para siempre
tu rostro
he mirado tu rostro
Desconfía de todos los espejos
si en ellos no estoy yo
***
Siempre vienes a mi
con un espejo roto en el bolsillo
Mis dedos acarician el grito de tu imagen
Lamo la grieta en el techo
que desgasta tu ojo fijo
Hecho añicos a mi acudes
porque sabes que te abrazo
y me placen las heridas
***
Quise vestirme de oscuridad
para que tus ojos
acostumbrados al fracaso
no me vieran
Quería saber
cómo soportan tus manos el frío
cómo secas tu cuerpo
del sudor de la esperanza
Pero esta noche estoy alegre
y lo único que sé es andar desnuda
Darte tristeza es imposible
***
De tanto concentrarme
me estoy precipitando
Mi cuerpo
negra masa
núcleo
fuego
preludio de estallido
Comprendo a las estrellas
***
«Estoy de luna llena»
3
Debasta viento
lo que el mar no puede
Transforma mi boca
en caracol sin ermitaño
y mis ojos
en nidos de gaviotas
Arrastra los erizos de mis sueños
Hazlo
no puedo atarte
***
4
El mar no sabe
que construye cuevas
que divide rocas y las perfila
que destruye cerros
y fecunda arenales
Lo comprende la ola
con su sabiduría de lengua
***
6
No acampes playa arriba
siempre estoy
de luna llena
***
7
Abrazas mi piel
con la fuerza del incrédulo
Del sexo y del amor
son los dedos que acarician
La luna brilla
por el roce de la luz
sólo por el roce
***
9
Cuál es la antigüedad del fuego
La del cielo oscuro
sobre la tierra seca
La del relámpago en el tronco
La de mi cuerpo
bajo el tuyo
sábado, 28 de julio de 2018
Ida Gramcko (1924-1994)
Compañía
Un poeta callado es como un bosque que pide luces para
su intrincado sendero. Un poeta callado no indica desamor.
En donde hay bosque, siempre hay promesa de trino.
Un poeta callado es una sed. No lo lances al agua,
en vertiginosa y poco inteligente zambullida. Aproxímale
el vaso de agua. Canta cerca de él.
Un poeta callado es como un ave revoloteando en el boscaje.
No lo presiones con el canto. Eso sería enjaularlo. Pero
tampoco le ofrezcas muchos árboles, ramas y frutos. Eso
sería llevarlo a la deriva. No lo encarceles. Pero no lo
vuelvas impreciso. Poda los ramajes. Hazle olvidar
los árboles. Señálale, simplemente, el nido. Y el gorjeo vendrá.
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