jueves, 9 de agosto de 2018

José Lira Sosa


Foto de Enrique Hernández D'Jesús


Maturín (estado Monagas) 1930 - Porlamar (estado Nueva Esparta) 1995.

Poeta, dramaturgo, docente y periodista

Considerado por Hesnor Rivera como el fundador del surrealismo venezolano, junto a Juan Sánchez Peláez, de quien fuera discípulo.

Entre sus libros destacan Fiat-Lux (1954), A la gran aventura (1960), Vicios ceremoniales (1965), Por mi cuenta y riesgo (1967), Oscuro ceremonial (1975), Contraseña (1981), Enseres y atavíos (1989), Con la palabra en la boca (1994), Alrededor del fuego (2007) donde se reúne toda su poesía. En dramaturgia destacan las obras Círculo vicioso y La rebelión de los muñecos.

A continuación algunos de los poemas que conforman el libro Enseres y atavíos.

Imperativo

Sé cauce de pájaro en las coordenadas
     frágiles del sueño
     vuelo del río para mis manos
     inhábiles

Sé brote de planta medicinal
     parábola de piedra preciosa
     lanzada al aire libre
     hamaca en el roce
     de las pieles desnudas
     mañosa en el agua
     gota a gota en la caricia
     sucesiva

Sé la furtiva la asediada
     la sorprendida

Sé vientre propicio
     única almohada lacerada
     por mis uñas

Sé la línea de fuego
     desplaza el círculo amarillo

Sé tú la única la exaltada
     en el asombro de los flamboyanes

***

Día de caza

La piedra confía en la honda
en el párpado avizor
fiel al tino de la mano amiga
encuentra el ala del pájaro
su plumaje invicto
Vuela la piedra en destellos celestes
corta la hojarasca
donde anida el sueño
El relámpago sangriento
turba el reposo
de la doncella al pie del árbol
entre sus muslos
el ave ensaya los últimos picotazos
trémulos
La tarde tizna
la hierba húmeda que arropa
el puñado de plumas olvidado
por los amantes.

***

Talismanes ineficaces

Nada de presagios
enturbiados por los gestos
Nada de profecías andrajosas
recogidas a la vera del camino
Nada de voces al calor
de leños susurrantes
en las salas del sacrificio
en los zaguanes nostálgicos
en la pelambre de los lobos
ancestrales

Los hechos se reducen
a una lámpara seducida por la penumbra
Una lámpara colgada al borde del precipicio
para purificar a llama lenta
el temor a car en la trampa
a ser aprisonado por el abismo

Los talismanes pierden su eficacia
desafiados por el miedo
a transformarse en llaves
en piedras de toque
en puertas abiertas a bosques inimitables
Sólo el resplandor
el esmalte abatido de tus muslos
ofrendan el equilibrio
de una ebriedad perdida en el paraíso.

***

Poema 1

Acostada en la arena
bajo el planear de alas blancas
la cabellera de la mujer
tejida de plumas de pájaro
que hunden sus garras
en la espuma furiosa
y las algas servidas
con los senos al viento
de la tempestad

***

Poema 2

Los maderos frescos de las piernas
asumen los ímpetus del naufragio
El nido
de flores hundidas
y las rejas abiertas
escurren entre los dedos
pequeños faroles encendidos
que alumbran el vacío.

***

La tala

Oigo el fervor destilatorio
la savia recién cortada en chasquidos
de machetes sudorosos
Escucho el silencio predilecto
que modela el barro de los amuletos
la sombra ruidosa de los árboles
talados al medidodía
Percibo su derrumbe en un naufragio
de intacta clorofila
Luego abandono el bosque
para perseguir tu silueta tatuada
en los bejucos
provocadora y pertinaz
huyes a campo traviesa
dejando una estela de culebras
hechizadas
por el ritmo de tu paso.

***

Otro vaticinio

Perseguida
por las cicatrices de la calamidad
despojas tus muslos de los amuletos
estampados por mi lengua
para espantar los pájaros del sacrificio
Momia perspicaz ocupa tu lugar
en el laberinto
acecha la fragancia de otro vaticinio
descubre el rostro cómplice
en los confines
donde el letargo cuelga
en la penumbra de la lámpara
vertida como tela de araña
Tú despojada por la lluvia
oxidada en el sopor
de las cortinas de arena
Tú vuelas por esos derroteros.

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