sábado, 28 de julio de 2018

Ida Gramcko (1924-1994)


Compañía

Un poeta callado es como un bosque que pide luces para
su intrincado sendero. Un poeta callado no indica desamor.
En donde hay bosque, siempre hay promesa de trino.
Un poeta callado es una sed. No lo lances al agua,
en vertiginosa y poco inteligente zambullida. Aproxímale
el vaso de agua. Canta cerca de él.
Un poeta callado es como un ave revoloteando en el boscaje.
No lo presiones con el canto. Eso sería enjaularlo. Pero
tampoco le ofrezcas muchos árboles, ramas y frutos. Eso
sería llevarlo a la deriva. No lo encarceles. Pero no lo
vuelvas impreciso. Poda los ramajes. Hazle olvidar
los árboles. Señálale, simplemente, el nido. Y el gorjeo vendrá.

Javier Lasarte (Poeta venezolano, 1955)

De Javier Lasarte. Nada personal. Caracas: Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1977.

Clase de Castellano

-¿Quién me puede decir
cuál es la diferencia
entre el amor de los poemas
y el de las telenovelas?

-...

-¿Nadie lo sabe? ¡No puede ser!
A ver, tú, Pedrito...

-Mmmm...,
¿será el lenguaje, Profe?

-Muy bien, Pedrito
¿Alguna otra diferencia de importancia?

-...Creo que no, Profe.

-Llegarás lejos, Pedrito.

Yolanda Pantin




Nació en  Caracas en 1954. Estudió Artes en la Escuela de Artes Plásticas del estado Aragua y Letras en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas. En 1978 fundó el grupo universitario Rastros, cuya revista ilustró y en la cual publicó sus primeros textos. Estuvo en el taller literario Calicanto, dirigido por Antonia Palacios. En 1981 formó parte de los fundadores de Tráfico, era la única mujer. En 1986 el Consejo Nacional de la Cultura le otorgó una beca de creación, por dos años, para desarrollar  sus proyectos literarios. Fue periodista cultural del semanario Número y  coeditora de la revista Qué Pasa. En 1989 fundó con otros escritores el Fondo Editorial Pequeña Venecia, dedicado a la publicación de poesía, y trabajó como coordinadora editora hasta 1994. Fue miembro de la Editorial Luna Nueva de la Universidad Metropolitana de Caracas. Se hizo acreedora el año 2004 de la Beca Guggenheim.


Los bajos sentimientos (1993)

Así es la vida

Todo es verdad: todo es mentira: todo es espejo


Erotia

Reconozco en ti lo que apenas conozco
y sé 
que la piel de la espalda
al roce quema


 Correo del Corazón (1985)


Vitral de mujer sola


Se sabe de una mujer que está sola
porque camina como una mujer que está sola
Se sabe que no espera a nadie
porque camina como una mujer que no espera a nadie
Esto es
se mueve irregularmente y de vez en cuando se mira los zapatos
Se sabe de las mujeres que están solas
cuando tocan un botón por largo tiempo
Las mujeres solas no inspiran piedad
ni dan miedo
si alguien se cruza con ellas en mitad de la vereda
se aparta por miedo a ser contagiado
Las mujeres solas miran el paisaje
y se diría que son amantes
de las aceras/ de los entresuelos/ de las alcantarillas/ del subsuelo
de los subterfugios
Las mujeres solas están sobre la tierra al igual que sobre los árboles
les da igual porque para ellas es lo mismo
Las mujeres solas recitan parlamentos
estoy sola
y esto quiere decir que está con ella
para no decir que está con nadie
tanto se considera una mujer sola
Las mujeres solas hacen el amor amorosamente
algo les duele
y luego todo es más bien triste o colérico o simplemente amor
Estas mujeres se alumbran con linternas
van al detalle
saben donde se encuentra cada cosa
porque temen seguir perdiendo
y ya han perdido o ganado demasiado
Ellas no lo saben
porque van del llanto a la alegría
y a veces piensan en la muerte
También planean un largo viaje e imaginan encuentros posibles
Administran el dinero
compran legumbres
trabajan de 8 a 8
Si tienen hijos hacen de madres
son tiernas y delicadas
aunque muchas veces se alteren
un pensamiento recurrente es
ya no puedo ni un minuto más
Las mujeres solas tienen infinidad de miedos
terrores francamente nocturnos
los sueños de tales mujeres son
terremotos catástrofes sociales
Una mujer sola reconoce a otra mujer sola de forma inmediata
llevan el mismo cuello airado
lo cual no quiere decir que no quieran a nadie más que a sí mismas
esto es completamente falso
Lo cierto es que la casa de una mujer sola
está abierta a su antojo
Una mujer sola
no puede curar su soledad
porque nada está enfermo
se remedia lo curable
una gripe o un dolor de estómago
La mujer que piense que su soledad es curable
no es una mujer sola
es un estado transitivo entre dos soledades
infinitamente más peligrosas
Una mujer sola es una mujer acompañada
aunque de este hecho no se percate más que el zapato
al que mira con detenimiento
o el botón
que parece representar algo verdaderamente importante
como de hecho lo es
como los árboles o el cielo
sólo que el privilegio que deriva de semejante atención
es más bien propio de las almas temperadas al siguiente fuego:
id contigo
para estar con vosotros

De Poemas del escritor

El escritor está solo



El escritor está solo

solo ante él

solo ante el mundo

solo ante la persona que ama

Esto último lo aterra

“¿cómo solo?”

Trata de poner en orden sus pensamientos

-la persona amada tiene los ojos color miel-

El escritor tiene un gran miedo

“¿qué diferencia este amor del otro?”

-la persona amada lo mira desde el fondo de sus ojos-



El escritor está aterrado



El amor blande su arma contra un niño

María Auxiliadora Álvarez


Nació en Caracas en 1956. Estudió Letras Hispánicas en Estados Unidos y Artes Plásticas en Colombia y Venezuela. Ha dado clases en Miami University (Ohio), University of Illinois y UNAM (México). Ha hecho crítica literaria y cultural, y ha expuesto en diferentes ocasiones su trabajo plástico. Ha publicado los libros de poemas: Cuerpo (1985), Ca(z)a (1990), Inmóvil (1996), Pompeya (2003), El eterno aprendiz y Resplandor (2006).

Es Premio de Poesía del Consejo Municipal de Cali (Colombia, 1974), el Premio Fundarte de Poesía (Caracas, 1990), y el Internacional Award María Pia Gratton (USA, 1999), entre otros.


Cuerpo
(1985)


1

hubiera podido reunirlo
el dinero doctora
vaca amarga castrada que me agrede
para tener mejor asistencia
su ojo más detenido
si el embarazo durara varios años
a medida que me hubiera ido inflamando
cada arcada
                            cada pelo que cayese
cada estríalo hubiera ido guardando
recordando
                    su baba
 bata blanca sanguinaria
porque yo trabajo mucho
vaca baba bata blanca corrosiva que me agrede
lo hubiera ido reuniendo
                              desde niña
de haber tenido alguna pequeña inflamación
                                                 que lo indicara
a medida que usted fuera estudiando
yo lo estuviera contando
abajo
al centro de mis cuclillas
donde ahora usted lo busca
su baba blanca castrada
no se le hubiera ensuciado
con mis fragmentos acuosos
hijo carnicero órgano semental
hubiera podido reunido
el dinero doctora
porque yo trabajo mucho
baba amarga                    vaca blanca

4
usted nunca ha parido
no conoce
el filo de los machetes
no ha sentido
las culebras de río
nunca ha bailado
en un charco de sangre querida
doctor
NO META LA MANO TAN ADENTRO
que ahí tengo los machetes
que tengo una niña dormida
y usted nunca ha pasado
una noche en la culebra
usted no conoce el río

17
sola con él
el cuerpo que we desangra el hedor
el Cerdo
             que se revuelca
                                      lento
de nuestros hijos
de nuestros padres gelatinosos
por miedo
por escrúpulo de sangre no debías haberte ido durante el Cerdo
y dejarme 
               con el ojo de grasa
                                             que se revuelca
                                                                     lento
desde la infancia
                          y hacia la muerte
        



viernes, 27 de julio de 2018

Luz Machado



Nació en Ciudad Bolívar en el año 1916. Fue poeta y periodista. En 1946 recibió el Premio Municipal de Poesía y en 1986 el Premio Nacional de Literatura. Vivió un tiempo en Chile, donde hizo vida diplomática. Fue dirigente del Movimiento Feminista Venezolano, cofundadora de la Asociación Venezolana de Escritores, del Círculo de Escritores de Venezuela y de la Sociedad Bolivariana. 

Publicó como poeta, Ronda (1941), La espiga amarga (1950), Canto al Orinoco (1953), La casa por dentro (1965), A sol y a sombra (1997) y Libro del abuelazgo (1997). Sus trabajos periodísticos fueron publicados en El Universal, El Nacional, El Mundo, Pregón, La Razón, Fantoches, y en las revistas Contrapunto, Élite, Shell, Revista Nacional de Cultura, Kena, Nosotras, Lírica Hispana e Imagen.

Falleció e1 11 de agosto de 1999.


La casa por dentro 

La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una
azucena simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres
ni lámparas.



XVI

El viejo mendigo reúne el abandono.
Es su riqueza.
En la carreta
que junta su vida a la esquina
como una bisagra,
están las yerbas marchitas del empirismo
o de la brujería
para el desengaño y las fiebres,
el condimento y su aroma
para el hervor de la vida
y de las maceraciones.
Un acre fermento suena sus crótalos
y esparce el ácido vaho;
aureola el breve ámbito inmediato
en el que el pobre duerme,
mientras las moscas zumban sus anzuelos azules
alrededor de sus orejas,
del mugriento sombrero,
de su espalda en arco de miseria,
de su barba como una calabaza podrida,
por encima de las frutas, las yerbas,
las legumbres, las ropas casi trapos,
por sobre toda esa realidad
que palpita pisada con un cochecito de niño
puesto encima de todo,
como única esperanza.



XXXVI

Los ingenieros tejen
una inmensa telaraña de autopistas.
La extienden en varios sitios,
allí donde hay espacio para colocar
pies, brazos, antenas de la temporalidad,
tender cabelleras, madejas, cordajes,
raíces, nervaduras,
laberinto,
caminos,
inmensa red endurecida para ir donde quiera,
pero en la que sin embargo
el hombre
queda atrapado en los regresos.

Miyó Vestrini


Nació en Francia en 1938 y emigró a Venezuela a los 9 años de edad. Formó parte del grupo Apocalipsis en los años 60,  era la única mujer del grupo; también formó parte del Techo de la Ballena y la República del Este, entre otros. Fue periodista cultural, escribió guiones de radio, hizo entrevistas y suplementos.  

La poética de Vestrini es transparente, las palabras son como golpes, se debate entre la confrontación consigo misma y con la vida, la muerte y el suicidio. Sus letras retumban por la crudeza, no filtra sensibilidades bien sea desde los temas eróticos o los que tratan asuntos cotidianos. La muerte es un elemento fundamental en sus textos. "Zanahoria rallada" fue escrita luego de su primer intento de suicidio. Falleció el 29 de noviembre de 1991.


El invierno próximo (1975)


IX

El país, decíamos,
lo poníamos en las mesas,
lo cargábamos a todas partes,
el país necesita
el país espera,
el país tortura,
el país será,
al país lo ejecutan,
y estábamos allí por las tardes
a la espera de algún doliente
para decirle
no seas idiota
piensa en el país.



Los poderosos


Nada sentimentales
                      los poderosos
Nada ambles
                      los poderosos
Nada sinceros
                      los poderosos
Nada sensibles
                      los poderosos
Eso sí
           rancios
                       ejecutantes
                                  vivisectores
                                              graciosos
                                                        ostrones   
los poderosos.

       

Zanahoria rallada

El primer suicidio es único
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te-parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médioc de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me desacharon furisosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio dónde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.

miércoles, 25 de julio de 2018

Olga Marina Molina


Poeta, narradora, articulista y editora caraqueña, nacida en 1962. Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Ganadora de la II Bienal José Rafael Pocaterra 2008 en la mención de Poesía con el libro Un mundo en guerra. Recibió menciones en concursos de poesía de la Librería Mediática en 2006 y la II Bienal Literaria Francisco Lazo Martí con su poemario Palabras para hornear. Sus poemas han sido traducidos al portugués y tiene propuestas de traducirlo a otros idiomas.


La propuesta de Olga Marina en Un mundo en guerra (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2011) plantea múltiples posibilidades. Desde lo literario podemos atrevernos a una mirada del quehacer poético, de la creación y el proceso interior del creador para dar a luz sus textos, y también hay algo sobre la recepción de la poesía.

Desde un foco social revisamos en este libro la experiencia de la guerra, la muerte, el capitalismo, y la manipulación de los grandes poderes, como el gran poder mediático: los mass media que dominan a la humanidad y nos acompañan cotidianamente, mientras el mundo gira y todas las formas de guerra nos van devastando. Aun así nos hemos convertido en observadores habituales de ese lado oscuro de la humanidad.





1
Un mundo en guerra


Human kind cannot bear too much reality
T. S. Eliot

¿Quién tiene el Libro en las manos?

Cuando lo abre
o lo cierra -nunca se sabe-
el vértigo de nombrar lo obsede

Una mano escribe
y otra borra incesantemente lo escrito

Alguien intenta un ascenso

El sol devela la ausencia de un paisaje

Y nada comienza donde digo que comienza
y nada termina donde digo que termina



12

las parejas pelean dondequiera
se lanzan los platos a la cara
se escupen y maldicen

los niños gritan
se esconden

sucesivamente ignoran
qué deben temer más
si la ira de papi
o la de mami

y el plato de sopa arrojado de súbito
contra la pared
rebota en el piso y cae

suena la campana
aunque no señala nunca el último round

la sopa se escurre
los fideos

y el dinero no alcanza
y el marido apuesta de nuevo y bebe
y apuesta de nuevo y pierde
y apuesta de nuevo y bebe

la infancia se hace lenta
y duele


38

hay paredes
muros
difíciles de saltar o derribar

sin saber o sin querer
cada quien toma partido
organiza
su razón o sinrazón,
su juego de opuestos,
su absoluto

su pedazo de muro
llevado a cuestas


51

we regret to inform you

las cadenas de medios no lo dicen
callan
no transmiten el regreso o desembarco
no son fotogénicas las cajas
fruta fresca inservible
podrida antes de tiempo
madurada con pólvora o químicos indescifrables

un telegrama las anuncia
su noche temprana cubierta con las barras y estrellas
de una nación.


52

¿fue cierto o nos mintieron?
a Briquette Rodríguez


y mi amiga, la escritora,
la estudiosa del tema
(lleva en su cartera una foto del Führer,
celebra el cumpleaños de Albert Speer),
la pintora experta y artista sensible
grita y niega en alta voz
su existencia:
"-pero muéstrame siquiera un cuerpo,
un documento, al menos, en el que conste
el horror,
no puedes hacerlo porque no existe,
nada es real,
no murió esa cantidad,
nada es real,
todo ha sido un invento de los medios
la Historia la escriben los vencedores,
nada es real
no, definitivamente no murieron-".


Elena Vera



Elena Vera fue una poeta y ensayista venezolana que nació en 1939 y falleció en 1997. Estudió Letras en la Universidad de Los Andes, hizo una maestría en Literatura Hispanoamericana en el Instituto Pedagógico de Caracas y en esa casa de estudios ejerció como profesora de Literatura y Latín y fue jefa de las cátedras de Literatura Venezolana y Literatura Latinoamericana.

Publicó los poemarios El hermano y el extraño hombre (1959), El celacanto (1980, Premio José Antonio Ramos Sucre), Acrimonia (1981, Premio Universidad de Carabobo), De amantes (1982), Sombraduras (1988), El Auroch (1992). Es Premio Alfonsina Storni (1983) por su poema “Huésped”, Premio de la Academia de la Lengua, mención Ensayo, por su trabajo “Los Fabuladores” (inédito), sobre novela venezolana contemporánea, Premio Municipal de Literatura 1986 en ensayo con “Flor y canto: 25 años de poesía venezolana (1958-1983)”.

Con la figura femenina como elemento central en su poética, Elena Vera abre espacios las voces marginales mostrando sus subjetividades en conflicto con las normas sociales. El erotismo y las pasiones se desbordan en cada poema y llevan a los lectores por el camino de las experiencias sensoriales íntimas detrás de la escena. 



Huésped


No me siente usted en su alta mesa

no me tiente con sus manjares delicados

no me dé a beber de ese licor exquisito

no me deslumbre con sus ademanes

no resquebraje la aparente frialdad de mi cuerpo

no entre así, viento terrible, en mis días

no me enseñe el otro lado del poema

no me decrete nuevas emociones

no le conceda otro ritmo a mis noches

no borre la verdad de mis amaneceres

no diga que me ama

tendría miedo a la melancolía de la ausencia

Deme posada en el último cuarto

allí

donde nadie sepa

un sorbo de agua, apenas, para la sed

y sopa caliente para confortar el cuerpo

me iré cuando haya descansado

entraré

suavemente

en la noche

y caminaré bajo las estrellas.




De amantes
“Ponme como sello sobre tu corazón
como sello sobre tu brazo
porque es fuerte el amor
como la muerte”
El cantar de los cantares

I

Soy
la amante
No
me mires con desprecio
No tengo el número dos
en la frente
ni
sus besos ansiosos
me han abierto llagas

Soy
la amante
La que tiene todos los sueños
del mundo
y los secretos.

Vienes
en el silencio de las tardes
Pones
la máscara sobre una silla
y tiemblas
Viento salvaje sobre tu piel
Tormentas

Eres
espléndida pérdida
por donde el tiempo fluye
o
se detiene
a mi antojo
A veces ella viene
y
se instala
detrás de tu cabeza
Ella
Tu otro rostro
La
mitad
de ti mismo

Yo soy la amante
Baraja
que salta de tu mano
y es oro
sota
y reina
al mismo tiempo
Tú ojo ama la ilusión de empezar

Yo
soy la amante
Una y múltiple
Yo ya frente al espejo
doy comienzo al rito
De la mano
                               a
                                               la cara
Ojos
pómulos
labios
Seducción del maquillaje
Máscaras

Eres
lo tornadizo
lo inestable
inútil es querer cambiarte
Más
fácil
sería
guardar en un armario
el viento de la primavera.


“Cuando te vas
mis manos se cubren de noche
mi lengua se congela,
tiemblo”
Safo

La esposa diligente
se levanta temprano
llena la bañera
y
desdobla las toallas
Azules para la camisa
grises para el traje
y la corbata
signo de distinción
                Tres gotas de lavanda
subrayando el estatus
y
adiós mi amor
Te miro y me sonrío
La esposa diligente
trabaja para mí

Ella es
la otra
aquí
Yo soy
         la otra
allá
Simple problema de distancias
La que entre tus brazos
será
única
Todos los días
mi cuerpo tiembla por ti
pero tú
ni te enteras
Duermes plácidamente
en tu cama king-size
abrazado a ella
a tu vieja costumbre
de viejo mueble usado
Te estás muriendo en vida
Te estás cayendo a pedazos
y ni te enteras
Y mientras tanto
tiemblo por ti
                todos los días
Yo que soy la vida
Yo
que soy la flor de la maravilla

El amor
dices
debe ser trivial y ameno
fácil
e intercambiable
Se entra
Se juega
y nada de altos precios
En tus ojos aprendo
el grito y la mudez

Marco en el teléfono
la señal convenida
y tres veces ella responde
solícita
dulce la voz
vigilante
cuida su comarca
Pertenencias
Eso que tú eres
como sus vestidos
y sus ollas usadas

Acercas las pestañas
a mi llama
y nada dices
Si hablas te comprometes
Vas y vienes
saqueando mis ventanas
Encantas
y no te comprometes
Vamos a negociar
te digo
y me sonrío
Me incluyes en el pasivo
pero
          tú
                               no te comprometes



jueves, 19 de julio de 2018

Maria Julia de Rushi Crespo




Maria Julia de Rushi Crespo




mi boca me maldice
porque me alegro en el mal

sangrienta y solitaria cacería
para vencer a la palabra y a la muerte

y esa música
esa música
esa serpiente en su cruz






II




porque vomitar
el asco al vomitar
produce alivio


sobre los tapices rosados
cuando viste crecer en la penumbra
las intenciones de tus antepasados
sobre los tapices rosados
cuando viste crecer en el silencio
la subrepticia voluntad de tus mayores
cuando en el aire viste
que lo turbio era claro
y lo compacto vacío
y lo pútrido bello
y lo prohibido saludable
cuando te dijeron mil severas cabezas
asintiendo al unísono
que mentir
es la primera profesión
que ha de ejercer
quien crecer quiere

allí mismo
sobre los tapices rosados
sin preguntar quién habría de limpiarlos luego
o quién habría de cuidarte y de curarte
bien para que volvieras a enfermar



allí mismo
vomitaste

  • ¡a la mierda el honor! —


yo vomité

como quien se dice

ahora te toca nacer

y no se sobrepone al miedo



Maria Julia de Rushi Crespo nació en Buenos Aires en 1951. En 1974, con su libro Polvo que une se gana el Premio Leopoldo Panero. Tenia 23 años y formaba parte del grupo Nosferatur (1972-1977). Ese grupo intentó rescatar el lenguaje neorromántico noble en contraposición con la antipoesia, la oralidad escrita, lo paródico, el exteriorismo. Mantenían una actitud panteísta, y religiosa. Desborde del lenguaje, mitificación, acercamiento a los himnos helénicos, a la mitología, caracterizaron esa poesía que encuentra ahora, en Artemis, cantando Artemis, una culminación ya no grupal, sino individual de esta escritora quien leyó y tradujo apasionadamente a Sylvia Plath y a otros.
(Tomado de Artemis cantando, Artemis, publicado por Monte Ávila Editores en 1982.)
(Desde que me pusieron en las manos este libro siempre lo he considerado una pequeña joya. Lo lei por primera vez hace más de treinta años y la fascinación sigue allí, intacta. Su fuerza verbal, la potencia de sus imágenes, su crueldad y su belleza, el desbordante peso de las referencias culturales; sus juegos verbales, las frases e imágenes que inicialmente no entendía y que me hacían investigar, buscar para intentar saber a qué se referían, pero cuyo ritmo y sonoridad y la manera de estar construido y presentado el poema, me fascinaban. Para mí fue muy importante este libro para aprender poesía: ¿Qué es un poema, cómo se construye, y sostiene, dónde avanzar, cuándo repetir, dónde detenerse? ¿Qué pasa adentro, en el «durante acaeciendo» de esas líneas? Me pasó también con Alfredo Silva Estrada, autor de esa frase genial: «el durante acaeciendo del poema», pero como decía Michael Ende, esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. Más recientemente, he podido sentir casi el mismo deslumbramiento con la obra de Mercedes Roffé. Quizás me equivoque y sus mundos poéticos no tengan nada que ver el uno con el otro, pero sentí en ambas obras unos vasos comunicantes que me han llevado a definir su poesía como poesía inteligente. Te quedas colgada del poema, de su delicada ironía, de lo que muestra y de lo que oculta, y en el proceso el lector queda maravillado ante el reto, y tal vez termine diciendo como la Rushi Crespo que en él también: «la mia malattia è tutta /fatta di parole».


Olga Marina Molina












Poemas de Hugo Mujica

                                                
                                              Poemas de Hugo Mujica
 

32.
me vestí para el banquete
y me dieron a mondar mis huesos

me desnudé para las bodas
y me revistieron de escarchas

¿de qué avaricia soy el precio?
Lo que se nos ha dado
hay días, al caer la tarde, en que la vida
nos cuenta
algo del perdón que recibimos

de lo que otros han callado.

hay noches en las que algún vestigio
se enciende:

una brasa en la memoria, un grillo
tras la ventana
o una flor
de las que se abren
cuando lo demás ya duerme.

son noches en que la quietud revela
la vida que recibí
sin siquiera la violencia
de haberla merecido:

lo sin por qué ni para qué,
el puro existir, el milagro.


El desierto de cada día

En el desierto de cada día el viento borra las huellas de todas las caravanas, barre los pasos de dios en el paso de cada hombre, borra las huellas de todos ellos en el desierto de cada mundo.

En el desierto de cada vida hay una huella que nada borra: la del desierto  de  cada vida,  la huella que el viento traza.

 Trampa
Como la trampa de querer ser otro para verse uno mismo.
Sobre el espejo partido me veo abierto, pero estoy sólo partido.  


(Tomado de Hugo Mujica en Mirando caer las lluvias, antología poética, con prólogo de Ernesto Román Orozco, Monte Ávila Editores Latinoamericana, Caracas, Venezuela, 2013. Esta antología incluye poemas de Brasa blanca, ( 1983); Sonata de violoncelo y lilas (1984); Responsoriales (1986); Escrito en un reflejo (1987); Paraíso vacío ( 1992); Para albergar una ausencia ( 1995); Noche abierta ( 1999); Sed adentro, (2001); Casi en silencio ( 2004); Lo naciente  ( 2007); Y siempre después del viento ( 2011); Poemas inéditos ( 2012-2013). Hugo Mujica nació en Buenos Aires, en 1942. Poeta, pintor, monje trapense y sacerdote. Estudió Bellas Artes, Filosofía, Antropología Filosófica y Teología.  Su portal oficial expresa que este conjunto de estudios «se refleja en la variación de su obra que abarca tanto la filosofía, como la antropología, la narrativa como la mística y sobre todo la poesía». Además de Argentina, poemas suyos fueron publicados en Bulgaria, Chile, Costa Rica, Ecuador, Eslovenia, España, Estados Unidos, Francia, Italia, México, Venezuela y Uruguay).
Olga Marina Molina C.

Entre águilas y bardos


1.
Ofrezco esta cita tomada de El Don del Águila de Carlos Castaneda. El subrayado es mío, por coincidir totalmente con Don Juan en su apreciación de la poesia y sus efectos:
«—¿Qué hacías con don Juan en esta banca? —le pregunté. —Nada Aquí nos sentábamos a esperar el camión, o un camión maderero que nos llevaba de aventón a las montañas —respondió. Le dije que cuando don Juan y yo nos sentábamos allí platicábamos horas y horas. Le conté la gran predilección que don Juan tenía por la poesía, y cómo yo solía leerle cuando no teníamos que hacer. Oía los poemas bajo la base de que sólo el primero, o en ocasiones el segundo párrafo, valía la pena de ser leído; creía que el resto sólo era un consentirse del poeta. Únicamente unos cuantos poemas, de los cientos que debí haberle leído, llegó a escuchar hasta el final. En un principio buscaba lo que a mí me agradaba; mi preferencia era la poesía abstracta, cerebral, retorcida. Después me hizo leer una y otra vez lo que a él le gustaba. En su opinión, un poema debía ser, de preferencia, compacto, corto. Y tenía que estar compuesto de imágenes punzantes y precisas, de gran sencillez. A la caída de la tarde, sentados en esa banca de Oaxaca, un poema de César Vallejo siempre recapitulaba para él un especial sentimiento de añoranza. Se lo recité de memoria a la Gorda, no tanto en su beneficio como en el mío:
Qué estará haciendo esta hora
Mi andina y dulce Rita de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir,
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.
Qué será de su falda de franela; de sus afanes;
de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.
Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando "Que frío hay. . . ¡Jesús!"
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje ».
«Idilio muerto» de César Vallejo en Los heraldos negros (1918).
(Este es el nombre del poema, que no aparece en el libro de Castaneda. Interesante la vívida evocación, profundamente amorosa, de/hacia/acerca de alguien que a medida que se recuerda se hace aún más entrañable, lo cual genera en el lector, el escalofrío, el ligero toque sobrenatural que surge cuando ambos, el evocado y el evocante, distantes, este en la ciudad perdido, y la otra, ya definitivamente en otro paisaje (recuerden la ambigüedad que puede suscitar el título del poema), se hacen UNO en la mención a lo helado que cala hondo, el celaje atisbado desde la puerta y hasta el oportuno pájaro (¿negro?) que canta/llorando en las tejas. Me llamó la atención también el uso del adjetivo «contrita» en el verso: «sus manos que en actitud contrita/ planchaban en las tardes blancuras por venir», porque contritas sabemos que pueden estar las manos que rezan, pero no las que planchan… Pero Vallejo sabe lo que hace al elegirlo y aquí que me fui a la etimología: http://etimologias.dechile.net/?contrito. Luego de revisar la lista allí ofrecida queda (casi) completada la imagen de rústica dulzura, humildad, sencillez en este poema perfecto que tanto conmovió a Don Juan Matus. )

Olga Marina Molina