1.
Ofrezco esta
cita tomada de El Don del Águila
de Carlos Castaneda. El subrayado es mío, por coincidir totalmente
con Don Juan en su apreciación de la poesia y sus efectos:
«—¿Qué
hacías con don Juan en esta banca? —le pregunté. —Nada Aquí
nos sentábamos a esperar el camión, o un camión maderero que nos
llevaba de aventón a las montañas —respondió. Le dije que cuando
don Juan y yo nos sentábamos allí platicábamos horas y horas. Le
conté la gran predilección que don Juan tenía por la poesía, y
cómo yo solía leerle cuando no teníamos que hacer. Oía los poemas
bajo la base de que sólo el primero, o en ocasiones el segundo
párrafo, valía la pena de ser leído; creía que el resto sólo era
un consentirse del poeta. Únicamente unos
cuantos poemas, de los cientos que debí haberle leído, llegó a
escuchar hasta el final. En un principio buscaba lo que a mí me
agradaba; mi preferencia era la poesía abstracta, cerebral,
retorcida. Después me hizo leer una y otra vez lo que a él le
gustaba. En su opinión, un poema debía ser,
de preferencia, compacto, corto. Y tenía que estar compuesto de
imágenes punzantes y precisas, de gran sencillez.
A la caída de la tarde, sentados en esa banca de Oaxaca, un poema de
César Vallejo siempre recapitulaba para él un especial sentimiento
de añoranza. Se lo recité de memoria a la Gorda, no tanto en su
beneficio como en el mío:
Qué estará
haciendo esta hora
Mi andina y
dulce Rita de junco y capulí;
ahora que me
asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre,
como flojo cognac, dentro de mí.
Dónde estarán
sus manos que en actitud contrita
planchaban en
las tardes blancuras por venir,
ahora, en esta
lluvia que me quita
las ganas de
vivir.
Qué será de
su falda de franela; de sus afanes;
de su andar;
de su sabor a
cañas de mayo del lugar.
Ha de estarse
a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá
temblando "Que frío hay. . . ¡Jesús!"
Y llorará en
las tejas un pájaro salvaje ».
«Idilio
muerto» de César Vallejo en Los heraldos
negros (1918).
(Este es el
nombre del poema, que no aparece en el libro de Castaneda.
Interesante la vívida evocación, profundamente amorosa,
de/hacia/acerca de alguien que a medida que se recuerda se hace aún
más entrañable, lo cual genera en el lector, el escalofrío, el
ligero toque sobrenatural que surge cuando ambos, el evocado y el
evocante, distantes, este en la ciudad perdido, y la otra, ya
definitivamente en otro paisaje (recuerden la ambigüedad que puede
suscitar el título del poema), se hacen UNO en la mención a lo
helado que cala hondo, el celaje atisbado desde la puerta y hasta el
oportuno pájaro (¿negro?) que canta/llorando en las tejas. Me llamó
la atención también el uso del adjetivo «contrita» en el verso:
«sus manos que en actitud contrita/ planchaban en las tardes
blancuras por venir», porque contritas sabemos que pueden estar las
manos que rezan, pero no las que planchan… Pero Vallejo sabe lo
que hace al elegirlo y aquí que me fui a la etimología:
http://etimologias.dechile.net/?contrito.
Luego de revisar la lista allí ofrecida queda (casi) completada la
imagen de rústica dulzura, humildad, sencillez en este poema
perfecto que tanto conmovió a Don Juan Matus. )
Olga Marina
Molina

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