jueves, 19 de julio de 2018

Entre águilas y bardos


1.
Ofrezco esta cita tomada de El Don del Águila de Carlos Castaneda. El subrayado es mío, por coincidir totalmente con Don Juan en su apreciación de la poesia y sus efectos:
«—¿Qué hacías con don Juan en esta banca? —le pregunté. —Nada Aquí nos sentábamos a esperar el camión, o un camión maderero que nos llevaba de aventón a las montañas —respondió. Le dije que cuando don Juan y yo nos sentábamos allí platicábamos horas y horas. Le conté la gran predilección que don Juan tenía por la poesía, y cómo yo solía leerle cuando no teníamos que hacer. Oía los poemas bajo la base de que sólo el primero, o en ocasiones el segundo párrafo, valía la pena de ser leído; creía que el resto sólo era un consentirse del poeta. Únicamente unos cuantos poemas, de los cientos que debí haberle leído, llegó a escuchar hasta el final. En un principio buscaba lo que a mí me agradaba; mi preferencia era la poesía abstracta, cerebral, retorcida. Después me hizo leer una y otra vez lo que a él le gustaba. En su opinión, un poema debía ser, de preferencia, compacto, corto. Y tenía que estar compuesto de imágenes punzantes y precisas, de gran sencillez. A la caída de la tarde, sentados en esa banca de Oaxaca, un poema de César Vallejo siempre recapitulaba para él un especial sentimiento de añoranza. Se lo recité de memoria a la Gorda, no tanto en su beneficio como en el mío:
Qué estará haciendo esta hora
Mi andina y dulce Rita de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Dónde estarán sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir,
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.
Qué será de su falda de franela; de sus afanes;
de su andar;
de su sabor a cañas de mayo del lugar.
Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirá temblando "Que frío hay. . . ¡Jesús!"
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje ».
«Idilio muerto» de César Vallejo en Los heraldos negros (1918).
(Este es el nombre del poema, que no aparece en el libro de Castaneda. Interesante la vívida evocación, profundamente amorosa, de/hacia/acerca de alguien que a medida que se recuerda se hace aún más entrañable, lo cual genera en el lector, el escalofrío, el ligero toque sobrenatural que surge cuando ambos, el evocado y el evocante, distantes, este en la ciudad perdido, y la otra, ya definitivamente en otro paisaje (recuerden la ambigüedad que puede suscitar el título del poema), se hacen UNO en la mención a lo helado que cala hondo, el celaje atisbado desde la puerta y hasta el oportuno pájaro (¿negro?) que canta/llorando en las tejas. Me llamó la atención también el uso del adjetivo «contrita» en el verso: «sus manos que en actitud contrita/ planchaban en las tardes blancuras por venir», porque contritas sabemos que pueden estar las manos que rezan, pero no las que planchan… Pero Vallejo sabe lo que hace al elegirlo y aquí que me fui a la etimología: http://etimologias.dechile.net/?contrito. Luego de revisar la lista allí ofrecida queda (casi) completada la imagen de rústica dulzura, humildad, sencillez en este poema perfecto que tanto conmovió a Don Juan Matus. )

Olga Marina Molina


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