Nació en Francia en 1938 y emigró a Venezuela a los 9 años de edad. Formó parte del grupo Apocalipsis en los años 60, era la única mujer del grupo; también formó parte del Techo de la Ballena y la República del Este, entre otros. Fue periodista cultural, escribió guiones de radio, hizo entrevistas y suplementos.
La poética de Vestrini es transparente, las palabras son como golpes, se debate entre la confrontación consigo misma y con la vida, la muerte y el suicidio. Sus letras retumban por la crudeza, no filtra sensibilidades bien sea desde los temas eróticos o los que tratan asuntos cotidianos. La muerte es un elemento fundamental en sus textos. "Zanahoria rallada" fue escrita luego de su primer intento de suicidio. Falleció el 29 de noviembre de 1991.
El invierno próximo
(1975)
IX
El país, decíamos,
lo poníamos en las mesas,
lo cargábamos a todas partes,
el país necesita
el país espera,
el país tortura,
el país será,
al país lo ejecutan,
y estábamos allí por las tardes
a la espera de algún doliente
para decirle
no seas idiota
piensa en el país.
Los poderosos
Nada sentimentales
los poderosos
Nada ambles
los poderosos
Nada sinceros
los poderosos
Nada sensibles
los poderosos
Eso sí
rancios
ejecutantes
vivisectores
graciosos
ostrones
los poderosos.
Zanahoria rallada
El primer suicidio es único
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te-parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médioc de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me desacharon furisosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio dónde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.
Su poesía no hace concesiones, hace poco leí un texto suyo en donde vuelve a sus temas recurrentes: el suicido, la muerte, esa sombra que siempre reptaba en sus versos.
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