
Carlos Contramaestre (Tovar, 1933 - Caracas, 1996). Médico, pintor, poeta. Perseguido político durante la dictadura de Pérez Jiménez, a su regreso fundó, junto con Caupolicán Ovalles, Edmundo Aray, Adriano González León, Rodolfo Izaguirre y Daniel González, entre otros, el grupo El techo de la ballena.
De su obra poética puede destacarse: Por decreto y por sueños de Maximina Salas (1968), Armando Reverón, el hombre mono (1969), Cabimas-Zamuro (1977), La mudanza del encanto (1979), Metal de soles (1982), Como piel de ángel (1983) y Tanatorio (1993). En el 2007, Monte Ávila Editores Latinoamericana publicó Antología poética, en la colección Altazor, con prólogo de Edmundo Aray.
Raíz de mandrágora
Todos saben que llegaste rozando estrellas cometas y navíos
Lluvias de azafrán
Yo comienzo a florecer después del estío
Tú empiezas a germinar en la noche como una planta salvaje
Soy la yerba por donde trotas hacia el cielo
perturbando la redondez de la tierra
la idea que tenemos sobre el futuro
o el curso de las aguas donde flotamos
Todos saben que eres lluvia desnuda
raíz de mandrágora
vida rumorosa
catedral antigua
liquen sumergido entre mis rocas
(Publicado en Como piel de ángel)
***
Vellocino
a Caupolicán Ovalles
El cuenco de nácar cría hierbas al borde de la vulva
estremece perfumes seminales
anuncia ofrendas destinadas a la lengua salvaje
y al sentimiento de las abejas
que respiran miel sobre su aliento
El vellocino enmascara ese delirio nocturno
y la almendra se desnuda al paladar
a los aceites a las sombras:
Nos devuelve la vida.
Armadura vegetal para encontrarte
fragorosa como una estrella
pálida en el aire
Dulce al amanecer como montaña
imperceptible sueño colibrí
Abierta como estás a las zarpas de la noche
vigilo la caída de la luna
sobre tus dientes de canela
Me recobro de tanta tristeza
me acomodo junto a tu dulce corazón
despertando en ti tibias alegrías
***
Pedrería y fulgor
a Sergio de Camargo
En medio de las telas del bosque
una princesa enjoya las hojas
con sus ademanes de piedra preciosa
En medio del silencio de los días
una voz delgada como canto de pájaro
envuelve la soledad
¿Qué será de mi ahora que los
astros se acercan a la oscuridad
de tu rostro
para alumbrarme?
Todo proviene del pasado
estaba escrito en mi memoria
en los sueños de mi tribu perdida
Sé que todo se ha cubierto de aguas
para rescatarte en mitad del cielo
como ave sagrada que desciende a la tierra
Te he invocado princesa
no sé qué olvido me corresponde
no sé qué conflagración me amenaza
en medio de las noches
No puedo seguir vagando
las estaciones te imitan para ocultarte
Sólo la canela del olvido
el aire resplandeciente de las centellas
y un sonido bajo las aguas
presencia tu sombra
y tu nacimiento
Estabas en le lecho de las guerras
predestinada al viento
a la lluvia del paraíso
al delirio de los iluminados
Apareces en medio de turbas de pájaros
y serpientes conduciendo el oro del sol
los atavíos del alma
el fuego de la tierra
Y no espero nada más
apenas el ruido de los conejos de monte
el paso de las luciérnagas
como telas imantadas para tu cuerpo
Un viaje nos vuelve a la vida verdadera
un corazón que espera
refleja sus máscaras nocturnas
en los sembradíos de las montañas
Todo se hace pedrería y fulgor
Princesa
es el aire que viene de muy lejos
entre tonadas tristes
Princesa de olvido
(Ambos poemas publicados en Metal de soles)
No hay comentarios:
Publicar un comentario