viernes, 29 de junio de 2018

La Humana Paradoja

Estas entrando al reino de las posibilidades infinitas que solo puede brindarte la POESÍA.
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3 comentarios:

  1. LOS TRISTES
    Rosalía de Castro

    1

    De la torpe ignorancia que confunde
    lo mezquino y lo inmenso;
    de la dura injusticia del más alto,
    de la saña mortal de los pequeños,
    ¡no es posible que huyáis! cuando os conocen
    y os buscan, como busca el zorro hambriento
    a la indefensa tórtola en los campos;
    y al querer esconderos
    de sus cobardes iras, ya en el monte,
    en la ciudad o en el retiro estrecho,
    ¡ahí va!, exclaman, ¡ahí va!, y allí os insultan
    y señalan con íntimo contento
    cual la mano implacable y vengativa
    señala al triste y fugitivo reo.


    2

    Cayó por fin en la espumosa y turbia
    recia corriente, y descendió al abismo
    para no subir más a la serena
    y tersa superficie. En lo más íntimo
    del noble corazón ya lastimado,
    resonó el golpe doloroso y frío
    que ahogando la esperanza
    hace abatir los ánimos altivos,
    y plegando las alas torvo y mudo,
    en densa niebla se envolvió su espíritu.


    3

    Vosotros, que lograsteis vuestros sueños,
    ¿qué entendéis de sus ansias malogradas?
    Vosotros, que gozasteis y sufristeis,
    ¿qué comprendéis de sus eternas lágrimas?
    Y vosotros, en fin, cuyos recuerdos
    son como niebla que disipa el alba,
    i qué sabéis del que lleva de los suyos
    la eterna pesadumbre sobre el alma!


    4

    Cuando en la planta con afán cuidada
    la fresca yema de un capullo asoma,
    lentamente arrastrándose entre el césped,
    le asalta el caracol y la devora.

    Cuando de un alma atea,
    en la profunda oscuridad medrosa
    brilla un rayo de fe, viene la duda
    y sobre él tiende su gigante sombra.


    5

    En cada fresco brote, en cada rosa erguida,
    cien gotas de rocío brillan al sol que nace;
    mas él ve que son lágrimas que derraman los tristes
    al fecundar la tierra con su preciosa sangre.

    Henchido está el ambiente de agradables aromas,
    las aguas y los vientos cadenciosos murmuran;
    mas él siente que rugen con sordo clamoreo
    de sofocados gritos y de amenazas mudas.

    ¡No hay duda! De cien astros nuevos, la luz radiante
    hasta las más recónditas profundidades llega;
    mas sus hermosos rayos
    jamás en torno suyo rompen la bruma espesa.

    De la esperanza, ¿en dónde crece la flor ansiada?
    Para él, en dondequiera al retoñar se agosta,
    ya bajo las escarchas del egoísmo estéril,
    o ya del desengaño a la menguada sombra.

    ¡Y en vano el mar extenso y las vegas fecundas,
    los pájaros, las flores y los frutos que siembran!
    Para el desheredado, sólo hay bajo del cielo
    esa quietud sombría que infunde la tristeza.


    6

    Cada vez huye más de los vivos,
    cada vez habla más con los muertos
    y es que cuando nos rinde el cansancio
    propicio a la paz y al sueño,
    el cuerpo tiende al reposo,
    el alma tiende a lo eterno.


    7

    Así como el lobo desciende a poblado,
    si acaso en la sierra se ve perseguido,
    huyendo del hombre que acosa a los tristes,
    buscó entre las fieras el triste un asilo.

    El sol calentaba su lóbrega cueva,
    piadosa velaba su sueño la luna
    el árbol salvaje le daba sus frutos,
    la fuente sus aguas de grata frescura.

    Bien pronto los rayos del sol se nublaron.
    la luna entre brumas veló su semblante,
    secóse la fuente, y el árbol nególe,
    al par que su sombra, sus frutos salvajes.

    Dejando la sierra buscó en la llanura
    de otro árbol el fruto, la luz de otro cielo;
    y a un río profundo, de nombre ignorado,
    pidióle aguas puras su labio sediento.

    ¡Ya en vano!, sin tregua siguióle la noche,
    la sed que atormenta y el hambre que mata;
    ¡ya en vano!, que ni árbol, ni cielo, ni río,
    le dieron su fruto, su luz, ni sus aguas.

    Y en tanto el olvido, la duda y la muerte
    agrandan las sombras que en torno le cercan,
    allá en lontananza la luz de la vida,
    hiriendo sus ojos feliz centellea.

    Dichosos mortales a quien la fortuna
    fue siempre propicia... ¡Silencio!, ¡silencio!,
    si veis tantos seres que corren buscando
    las negras corrientes del hondo Leteo.

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  2. Gracias por compartir este poema, recuerdo que hace tiempo leí a esta poeta gallega y su poesía me pareció triste, tengo entendido que murió a temprana edad debido a un cáncer. Tuvo el valor de publicar en gallego en una época en que nadie lo hacía.

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    Respuestas
    1. Y su mayor dolor no fue la enfermedad, porque casi toda su vida vivió enferma, sino la muerte accidental de uno de sus siete hijos, uno de los menores quien, jugando, se cayó de la mesa de la cocina y se rompió el cuello...la perdida de su hijo nunca la pudo superar.

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