sábado, 28 de julio de 2018
Ida Gramcko (1924-1994)
Compañía
Un poeta callado es como un bosque que pide luces para
su intrincado sendero. Un poeta callado no indica desamor.
En donde hay bosque, siempre hay promesa de trino.
Un poeta callado es una sed. No lo lances al agua,
en vertiginosa y poco inteligente zambullida. Aproxímale
el vaso de agua. Canta cerca de él.
Un poeta callado es como un ave revoloteando en el boscaje.
No lo presiones con el canto. Eso sería enjaularlo. Pero
tampoco le ofrezcas muchos árboles, ramas y frutos. Eso
sería llevarlo a la deriva. No lo encarceles. Pero no lo
vuelvas impreciso. Poda los ramajes. Hazle olvidar
los árboles. Señálale, simplemente, el nido. Y el gorjeo vendrá.
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Me encantó este poema, porque nos habla de una manera hermosa y sabia de ese silencio génesis de toda creación.
ResponderEliminarEs un texto interesante que pudo perfectamente haber sido escrito en prosa. El fondo del poema podria resumirse en que es un pedido de respeto a esos procesos de silencio, o mudez creativa por las que alguna vez atraviesa el alma. Vivimos tiempos en los que el silencio pareciera un lujo, algo no permitido: hay que hablar, publicar, decir, producir. Y no. Aqui la maestra Gramcko, alecciona suavemente, sin palmeta ni coscorrones. Pide paciencia ante el cultivo, el tiempo de maduración, dice no a la temprana zafra. Respetar los movimientos del alma, su encogerse, su expandirse y derramarse.
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