jueves, 12 de julio de 2018

 Poesía de cine


Del poeta Gustavo Pereira escogí este poema por su conexión con la Dama de las camelias y su adaptación cinematográfica, a la que el poeta hace referencia.

 A MARGARITA GAUTIER


Despierta Margarita Gautier te dicen los de abajo
Aquellos a quienes pusiste flor en el plato de suciedad
Misericordia misericordia y te echabas
     como una gata Margarita Gautier
     con tus ojos rebosados sobre
          la alfombra donde se revolcó un amor
               cualquiera
sobre el lecho húmedo donde se revolcó
                                                          un amor cualquiera

Margarita Gautier
Margarita
Acuérdate de los de abajo
     con tus ojos preñados de melancolía

La vida es menos bella cuando duermes
Porque tú iluminas las calles porque tú prendes los avisos
Porque Margarita apenas
     cabemos en tus brazos
Porque de la garganta se desprendieron
     canciones del pecho temblores y de arriba
               sollozos

Acuérdate Margarita Gautier cuando íbamos del brazo
Ardía la ciudad de las salas de cine salía
          la gente en tropel
los vendedores de diarios ambulaban roncos
y de los postes se descolgaba la luz opaca de la bombilla

¿Qué te has hecho? ¿Adónde
fuiste?
¿Dónde diablos
                         te metiste Margarita Gautier?
¡Duermes!

martes, 10 de julio de 2018

 Segunda semana poética a cargo del canoso

Este es uno de los poemas del poeta francés Victor Segalen. Inspirados en las estelas chinas que no solo contienen la historia del país orienta, sino que muchos eran dedicados a amigos, amantes o contaban pequeñas anecdotas de sus habitantes.

VAMPIRO

Amigo, amigo, he acostado tu cuerpo en un ataúd 
     de bello barniz rojo que me ha costado mucho 
     dinero;

He conducido tu alma, por su nombre familiar, 
     sobre esta tablilla que rodeo de mis cuidados;

Pero no debo ocuparme más de tu persona: "Tratar
     lo que vive como si estuviera muerto, ¡qué
     falta de humanidad!

Tratar lo que ha muerto como si estuviera vivo,
     ¡qué falta de discreción! ¡Qué riesgo de crear
     un ser equívoco!".

                                    

Amigo, amigo, a pesar de los principios, no puedo
     abandonarte. Formaré, por consiguiente, un ser
     equívoco: ni genio, ni muerto, ni vivo. Oyeme:

Si aún te agrada sorber la vida de gusto azucarado,
     de ásperas especias;

Si te agrada parpadear, aspirar con tu pecho y
     estremecerte bajo la piel, óyeme:

Conviértete en mi Vampiro, amigo, y cada noche,
     tranquilo y sin prisa, embriágate con la cálida
     bebida de mi corazón.

lunes, 9 de julio de 2018

Despedida poética de la primera semana

Este es un exquisito poema del poeta senegalés Birago Diop, con todo ese sentir mágico que tiene la africanidad y como bien diría Palés Mattos, de la negritud.


Birago Diop

El soplo de los ancestros
Escucha más a menudo
A las cosas que a los seres,
La voz del fuego se escucha,
Escucha la voz del agua,
Escucha en el viento
Al zarzal sollozando:
Es el soplo de los ancestros.

Aquéllos que han muerto no se han ido nunca
Están en la sombra que se alumbra
Y en la sombra que se espesa,
Los muertos no están bajo la tierra
Están en el árbol que se estremece,
Están en la madera que gime,
Están en el agua que corre,
Están en el agua que duerme,
Están en la cabaña, están en la multitud
Los muertos no están muertos.


El soplo de los ancestros muertos
Que no se han ido,
Que no están bajo la tierra,
Que no están muertos.
Aquéllos que han muerto no se han ido nunca,
Están en el seno de la mujer,
Están en el niño que llora,
Y en el tizón que se aviva,
Los muertos no están bajo la tierra,
Están en el fuego que se apaga,
Están en el peñasco que se queja
Están en las hierbas que lloran,
Están en el bosque, están en la morada,
Los muertos no están muertos.

Escucha más a menudo
A la cosas que a los seres,
La voz del fuego se escucha,
Escucha la voz del agua,
Escucha en el viento
Al zarzal sollozando:
Es el soplo de los ancestros.

El reitera cada día el pacto,
El gran pacto que une,
Que une a la ley nuestra suerte;
A los actos de los soplos más fuertes
La suerte de nuestros muertos que no están muertos;
El pesado pacto que nos une a la vida,
La pesada ley que nos une a los actos
De los soplos que se mueren.

En la cama y en las orillas del río,
Los soplos que se mueven
En el peñasco que se queja y en la hierba que llora.
Los soplos que moran
En la sombra que se alumbra o se espesa,
En el árbol que se estremece, en la madera que gime,
Y en el agua que corre y en el agua que duerme,
Los soplos más fuertes, que han tomado
El soplo de los muertos que no están muertos,
Los muertos que no se han ido,
Los muertos que no están más sobre la tierra.

Escucha más a menudo
A las cosas que a los seres.

viernes, 6 de julio de 2018

Los mas fuertes poemas para leer en plena eclosión creativa






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 En este poema Sylvia describe la tormentosa relación amor-odio que la unía con su padre.

Traducción de María Julia de Ruschi Crespo

Nunca podré reunirte íntegramente,
Juntar, pegar, articular como corresponde.
Rebuznos de mula, gruñidos de cerdo, obscenos graznidos
Provienen de tus grandes labios.
Peor que en un corral.

Quizá te consideres un oráculo,
Portavoz de los muertos o de algún dios.
Yo llevo treinta años esforzándome
Por limpiar de fango tu garganta
Y no he aprendido nada.

Trepando escaleritas con frascos de engrudo y baldes de lisol
Me arrastro como una hormiga enlutada
Por los campos cubiertos de maleza de tus cejas
Para reparar tu inmenso cráneo y desbrozar
Los descarnados, blancos túmulos de tus ojos.

Un firmamento azul de otra Orestíada
Se cierne sobre nosotros. Oh padre, tú solo
Eres una referencia histórica tan importante como el Foro Romano.
Aquí merendando, en una colina de seres siniestros.
Las columnas de tus huesos y el acanto de tus cabellos vuelven
A su antigua anarquía esparciéndose hasta el horizonte.
Se necesita más que un rayo
Para crear tanta ruina.
Algunas noches me acurruco en la cornucopia
De tu oreja, a salvo del viento,

Y cuento estrellas rojas y estrellas color ciruela.
Sale el sol bajo el pilar de tu lengua.
Mis horas se desposan con la sombra.
Ya no escucho más el roce de la quilla
Contra las sordas piedras del desembarcadero.


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Este poema acompañó a Nelson Mandela durante su largo encierro de 27 años por sus ideales políticos
 
INVICTUS


William Ernest Henley

En la noche que me envuelve,
negra, como un pozo insondable,
doy gracias al Dios que fuere
por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias
no he gemido, ni llorado.
Bajo los golpes del destino
mi cabeza ensangrentada jamás se ha postrado.
Más allá de este lugar de ira y llantos
acecha la oscuridad con su horror.
Y sin embargo la amenaza de los años me halla,
y me hallará sin temor.
Ya no importa cuan estrecho haya sido el camino
ni cuantos castigos lleve a mi espalda:
soy el amo de mi destino,
soy el capitán de mi alma.

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Adoro este poema y lo reclamo para mi epitafio, me define tanto que me asombraría si tuviera esa capacidad, pero ya no espero nada bueno de nadie, sé bien la oscuridad que habita en los que me rodean y que nada puedo esperar más que traiciones y zancadillas ¡Salud!

Huésped Sin Sombra

Meira Delmar


Nada deja mi paso por la tierra.
En el momento del callado viaje
he de llevar lo que al nacer me traje:
el rostro en paz y el corazón en guerra.

Ninguna voz repetirá la mía
de nostálgico ardor y fiel asombro.
La voz estremecida con que nombro
el mar, la rosa, la melancolía.

No volverán mis ojos renacidos
de la noche a la vida siempre ilesa,
a beber como un vino la belleza
de los mágicos cielos encendidos.

Esta sangre sedienta de hermosura
por otras venas no será cobrada.
No habrá manos que tomen, de pasada,
la viva antorcha que en mis manos dura.

Ni frente que mi sueño mutilado
recoja y cumpla victoriosamente.
Conjuga mi existir tiempo presente
sin futuro después de su pasado.

Término de mí misma, me rodeo
con el anillo cegador del canto.
Vana marea de pasión y llanto
en mí naufraga cuanto miro y creo.

A nadie doy mi soledad. Conmigo
vuelve a la orilla del pavor, ignota.
Mido en silencio la final derrota.
Tiemblo del día. Pero no lo digo.



miércoles, 4 de julio de 2018

Poesía desde nuestros originarios

 Hola a tod@s amantes de la poesía!

Pese a todas las enfermedades, y como soy más fuerte que el odio, continúo con la semana poética que prometí.
Les traigo algunos de los maravillosos poemas del Tlatoani Nezahualcoyotl (coyote que ayuna), el poderoso señor de Tezcoco quien además de gobernante capaz y aliado meritorio de los mexicas fue un gran poeta. Tal vez por eso gobernó tan bien, no lo puedo asegurar porque me separan de él apenas seis siglos.
Pero el tiempo en la eternidad es más corto de lo que parece...

 


 ¿A dónde iremos?



¿A dónde iremos
donde la muerte no exista?
Más, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.

Aún los príncipes a morir vinieron,
los bultos funerarios se queman.
Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.



¿Eres tú verdadero...?



¿Eres tú verdadero, tienes raíz?
Sólo quien todas las cosas domina,
el dador de la vida.
¿Es ésto verdad?
¿Acaso no lo es, como dicen?
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

Todo lo que es verdadero,
lo que tiene raíz,
dicen que no es verdadero
que no tiene raíz.
El dador de la vida
sólo se muestra arbitrario.
¡Que nuestros corazones
no tengan tormento!

 

No acabaran mis flores


No acabarán mis flores,
no cesarán mis cantos.
Yo cantor los elevo,
se reparten, se esparcen.
Aún cuando las flores
se marchitan y amarillecen,
serán llevadas allá,
al interior de la casa
del ave de plumas de oro.



Percibo lo secreto

Percibo lo secreto, lo oculto:
¡Oh vosotros señores!
Así somos, somos mortales,
de cuatro en cuatro nosotros los hombres,
todos habremos de irnos,
todos habremos de morir en la tierra.

Nadie en jade,
nadie en oro se convertirá:
En la tierra quedará guardado.
Todos nos iremos
allá, de igual modo.
Nadie quedará,
conjuntamente habrá que perecer,
nosotros iremos así a su casa.

Como una pintura
nos iremos borrando.
Como una flor,
nos iremos secando
aquí sobre la tierra.
Como vestidura de plumaje de ave zacuán,
de la preciosa ave de cuello de hule,
nos iremos acabando
nos vamos a su casa.

Se acercó aquí.
Hace giros la tristeza
de los que en su interior viven.
Meditadlo, señores,
águilas y tigres,
aunque fuérais de jade,
aunque fuérais de oro,
también allá iréis,
al lugar de los descarnados.
Tendremos que desaparecer,
nadie habrá de quedar.

 


No en parte alguna


No en parte alguna puede estar
la casa del inventor de sí mismo.
Dios, el señor nuestro,
por todas partes es invocado,
por todas partes es también venerado.
Se busca su gloria, su fama en la tierra.
Él es quien inventa las cosas,
él es quien se inventa a sí mismo: dios.
Por todas partes es invocado,
por todas partes es también venerado.
Se busca su gloria, su fama en la tierra.

Nadie puede aquí,
nadie puede ser amigo
del dador de la vida:
sólo es invocado,
a su lado,
junto a él,
se puede vivir en la tierra.

El que lo encuentra,
tan sólo sabe bien ésto: él es invocado,
a su lado, junto a él,
se puede vivir en la tierra.

Nadie en verdad es tu amigo,
¡oh dador de la vida!
sólo como si entre las flores
buscáramos a alguien,
así te buscamos,
nosotros que vivimos en la tierra,
mientras estamos a tu lado.
Se hastiará tu corazón.
Sólo por poco tiempo
estaremos junto a ti y a tu lado.

Nos enloquece el dador de la vida,
nos embriaga aquí.
¿Nadie puede estar acaso a su lado,
tener éxito, reinar en la tierra?

Sólo tú alteras las cosas,
como lo sabe nuestro corazón:
¿nadie puede estar acaso a su lado,
tener éxito, reinar en la tierra?