viernes, 27 de julio de 2018

Luz Machado



Nació en Ciudad Bolívar en el año 1916. Fue poeta y periodista. En 1946 recibió el Premio Municipal de Poesía y en 1986 el Premio Nacional de Literatura. Vivió un tiempo en Chile, donde hizo vida diplomática. Fue dirigente del Movimiento Feminista Venezolano, cofundadora de la Asociación Venezolana de Escritores, del Círculo de Escritores de Venezuela y de la Sociedad Bolivariana. 

Publicó como poeta, Ronda (1941), La espiga amarga (1950), Canto al Orinoco (1953), La casa por dentro (1965), A sol y a sombra (1997) y Libro del abuelazgo (1997). Sus trabajos periodísticos fueron publicados en El Universal, El Nacional, El Mundo, Pregón, La Razón, Fantoches, y en las revistas Contrapunto, Élite, Shell, Revista Nacional de Cultura, Kena, Nosotras, Lírica Hispana e Imagen.

Falleció e1 11 de agosto de 1999.


La casa por dentro 

La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una
azucena simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres
ni lámparas.



XVI

El viejo mendigo reúne el abandono.
Es su riqueza.
En la carreta
que junta su vida a la esquina
como una bisagra,
están las yerbas marchitas del empirismo
o de la brujería
para el desengaño y las fiebres,
el condimento y su aroma
para el hervor de la vida
y de las maceraciones.
Un acre fermento suena sus crótalos
y esparce el ácido vaho;
aureola el breve ámbito inmediato
en el que el pobre duerme,
mientras las moscas zumban sus anzuelos azules
alrededor de sus orejas,
del mugriento sombrero,
de su espalda en arco de miseria,
de su barba como una calabaza podrida,
por encima de las frutas, las yerbas,
las legumbres, las ropas casi trapos,
por sobre toda esa realidad
que palpita pisada con un cochecito de niño
puesto encima de todo,
como única esperanza.



XXXVI

Los ingenieros tejen
una inmensa telaraña de autopistas.
La extienden en varios sitios,
allí donde hay espacio para colocar
pies, brazos, antenas de la temporalidad,
tender cabelleras, madejas, cordajes,
raíces, nervaduras,
laberinto,
caminos,
inmensa red endurecida para ir donde quiera,
pero en la que sin embargo
el hombre
queda atrapado en los regresos.

1 comentario:

  1. Los poetas saben capturar la esencia poética en donde los simples mortales solo sabemos ver con los ojos, así es la poesía de Luz Machado.

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