jueves, 19 de julio de 2018

Maria Julia de Rushi Crespo




Maria Julia de Rushi Crespo




mi boca me maldice
porque me alegro en el mal

sangrienta y solitaria cacería
para vencer a la palabra y a la muerte

y esa música
esa música
esa serpiente en su cruz






II




porque vomitar
el asco al vomitar
produce alivio


sobre los tapices rosados
cuando viste crecer en la penumbra
las intenciones de tus antepasados
sobre los tapices rosados
cuando viste crecer en el silencio
la subrepticia voluntad de tus mayores
cuando en el aire viste
que lo turbio era claro
y lo compacto vacío
y lo pútrido bello
y lo prohibido saludable
cuando te dijeron mil severas cabezas
asintiendo al unísono
que mentir
es la primera profesión
que ha de ejercer
quien crecer quiere

allí mismo
sobre los tapices rosados
sin preguntar quién habría de limpiarlos luego
o quién habría de cuidarte y de curarte
bien para que volvieras a enfermar



allí mismo
vomitaste

  • ¡a la mierda el honor! —


yo vomité

como quien se dice

ahora te toca nacer

y no se sobrepone al miedo



Maria Julia de Rushi Crespo nació en Buenos Aires en 1951. En 1974, con su libro Polvo que une se gana el Premio Leopoldo Panero. Tenia 23 años y formaba parte del grupo Nosferatur (1972-1977). Ese grupo intentó rescatar el lenguaje neorromántico noble en contraposición con la antipoesia, la oralidad escrita, lo paródico, el exteriorismo. Mantenían una actitud panteísta, y religiosa. Desborde del lenguaje, mitificación, acercamiento a los himnos helénicos, a la mitología, caracterizaron esa poesía que encuentra ahora, en Artemis, cantando Artemis, una culminación ya no grupal, sino individual de esta escritora quien leyó y tradujo apasionadamente a Sylvia Plath y a otros.
(Tomado de Artemis cantando, Artemis, publicado por Monte Ávila Editores en 1982.)
(Desde que me pusieron en las manos este libro siempre lo he considerado una pequeña joya. Lo lei por primera vez hace más de treinta años y la fascinación sigue allí, intacta. Su fuerza verbal, la potencia de sus imágenes, su crueldad y su belleza, el desbordante peso de las referencias culturales; sus juegos verbales, las frases e imágenes que inicialmente no entendía y que me hacían investigar, buscar para intentar saber a qué se referían, pero cuyo ritmo y sonoridad y la manera de estar construido y presentado el poema, me fascinaban. Para mí fue muy importante este libro para aprender poesía: ¿Qué es un poema, cómo se construye, y sostiene, dónde avanzar, cuándo repetir, dónde detenerse? ¿Qué pasa adentro, en el «durante acaeciendo» de esas líneas? Me pasó también con Alfredo Silva Estrada, autor de esa frase genial: «el durante acaeciendo del poema», pero como decía Michael Ende, esa es otra historia y deberá ser contada en otra ocasión. Más recientemente, he podido sentir casi el mismo deslumbramiento con la obra de Mercedes Roffé. Quizás me equivoque y sus mundos poéticos no tengan nada que ver el uno con el otro, pero sentí en ambas obras unos vasos comunicantes que me han llevado a definir su poesía como poesía inteligente. Te quedas colgada del poema, de su delicada ironía, de lo que muestra y de lo que oculta, y en el proceso el lector queda maravillado ante el reto, y tal vez termine diciendo como la Rushi Crespo que en él también: «la mia malattia è tutta /fatta di parole».


Olga Marina Molina












1 comentario:

  1. A medida que iba leyendo el poema se me iba viniendo la canción de Silvio Rodríguez "La familia, la propiedad privada y el amor", por supuesto el poema de María Julia de Rushi Crespo es más crudo y certero.

    ResponderEliminar