jueves, 23 de agosto de 2018



LA PRINCESA ESTÁ TRISTE- RUBEN DARÍO

17 de Enero, 2010  ·  POEMAS
La princesa está triste


La princesa está triste... ¿Qué tendrá la princesa?
Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.
La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro,
y en un vaso, olvidada, se desmaya una flor.

El jardín puebla el triunfo de los pavos-reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas banales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.
La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las islas de las rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay!, la pobre princesa de la boca de rosa
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar;
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata,
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!
Está presa en sus oros, está presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real;
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal.

¡Oh, quien fuera hipsipila que dejó la crisálida!
(La princesa está triste. La princesa está pálida.)
¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está pálida. La princesa esta triste.)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

"--Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-;
en caballo con alas, hacia aquí se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor."

Rubén Darío

 CAPRICHO de Delmira Agustini 

                                                Al Excelso escritor uruguayo Manuel Medina Betancort


Entre el raso y los encajes de la alcoba parisina
La enfermiza japonesa, la nostálgica ambarina,
Se revuelve en las espumas de su lecho de marfil;
El incendio de la fiebre ha pintado en sus mejillas
—Sus mejillas japonesas como rosas amarillas
Sangraciones de claveles, centelleos de rubí.

Vibra en llamas del delirio la muñeca principesca,
Se estremecen los marfiles de su faz miniaturesca,
Su pupila enloquecida lanza chorros de fulgor;
Burbujeantes las palabras efervescen locamente
Con hervores de champaña de su boca balbuciente,
De su boca de topacio, moribunda, sin frescor.

Sueña ahora de su infancia: blancas, leves las visiones
Van pasando juguetonas en alígeras legiones,
Con sus vestes de albas gasas, con sus nimbos de claror;
Nievan lirios, perlas, rosas, rosas blancas como espumas,
Avecillas eucarísticas, suaves copas de albas plumas,
Son las aves del recuerdo, van diciendo su canción.

Cruza ahora misteriosa, inefable, aristocrática
Una pálida figura de expresión honda, enigmática,
Perezosos movimientos, fatigoso, lento andar;
En sus ojos tristes, suaves, hay miradas que sollozan,
Hay reproches hondos, dulces, que acarician, que destrozan,
Con la blanda inconsistencia del enojo maternal.
    .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .
    .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .
Extinguióse ya la fiebre, la enfermita no delira,
Centellea en sus pupilas el sol rojo de la ira
Y sus brazos se retuercen como sierpes de marfil;
Brota un nombre de sus labios entre espuma y maldiciones,
Su nacáreo cuerpecito se revuelca en convulsiones,
Tremular de lirio enfermo, sacudidas de jazmín.

Es que vibra en su cerebro con malditas resonancias
El recuerdo del lord rubio de imperiales arrogancias,
El altivo millonario de los ojos de zafir,
El que en redes misteriosas de promesas quebradizas,
Apresó el pájaro blanco de su almita asustadiza
Arrancándola a sus padres, sus ensueños, su país.
    .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .
Y en la cárcel principesca de la alcoba parisina
La olvidada japonesa, la nostálgica ambarina
Desfallece sofocada por agónico estertor,
¡Oh, mimosa susceptible, por un soplo deslucida!
Devolviérale la gracia, devolviérale la vida
Una gota de cariño, un efluvio de su sol!

En sus ojos, hondos cauces, hay un algo extraño, helado,
Reflectores de la muerte, ésta en ellos se ha mirado
Y es su imagen la que flota en su fondo de carey,
Pero... súbito se animan, arde en ellos la alegría,
Alegría de muriente con vislumbres de sombría,
La enfermita vibra toda su figura de poupée;

Sus deditos finos, pálidos, como niños macilentos,
Han tomado, y ahora oprimen con nerviosos movimientos
Un marchito crisantemo; blanco hermano del Japón!
Él también sufre nostalgias, hondas, diáfanas, impías
Abejillas de oro y ópalo que se clavan lentas, frías,
En el glóbulo de aromas de su raro corazón.

La enfermita las comprende, las nostalgias amarillas
Del pequeño moribundo, y le acerca a sus mejillas
Y a sus labios en arranques de cariño fraternal,
Es su hermano, sí, es su hermano ese copo de albo lino,
Como ella agonizante, como ella nacarino,
Como ella desmayando en lujosa soledad.
    .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .
    .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .
Duerme, duerme la enfermita entre cirios de oro escuálidos
Hay un muerto crisantemo en sus dedos finos, pálidos,
Su cajita funeraria es estuche de blancor.
    .   .   .   .   .   .   .   .   .   .   .
En lo alto: al regio alcázar del Eterno, del Clemente,
Entre angélicos festejos, leve, diáfana, sonriente,
Llega el alma de una niña, trae el alma de una flor!

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domingo, 19 de agosto de 2018

Holderlin por Manuela Montilla




"Este poema lo copié en una librería cuando conocí la poesía de Holderlin... Trabajaba allí pero no podía comprar el libro". Manuela

jueves, 16 de agosto de 2018

 Esta es una poeta que tardé mucho en descubrir, porque escapaba de su oscuridad. Ahora el tiempo y la experiencia, me permiten reconocer su lucidez, su extraña luz.

lunes, 13 de agosto de 2018

Carlos Contramaestre

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Carlos Contramaestre (Tovar, 1933 - Caracas, 1996). Médico, pintor, poeta. Perseguido político durante la dictadura de Pérez Jiménez, a su regreso fundó, junto con Caupolicán Ovalles, Edmundo Aray, Adriano González León, Rodolfo Izaguirre y Daniel González, entre otros, el grupo El techo de la ballena.

De su obra poética puede destacarse: Por decreto y por sueños de Maximina Salas (1968), Armando Reverón, el hombre mono (1969), Cabimas-Zamuro (1977), La mudanza del encanto (1979), Metal de soles (1982), Como piel de ángel (1983) y Tanatorio (1993). En el 2007, Monte Ávila Editores Latinoamericana publicó Antología poética, en la colección Altazor, con prólogo de Edmundo Aray.


Raíz de mandrágora 

Todos saben que llegaste rozando estrellas cometas y navíos

Lluvias de azafrán
Yo comienzo a florecer después del estío
Tú empiezas a germinar en la noche como una planta salvaje

Soy la yerba por donde trotas hacia el cielo
perturbando la redondez de la tierra
la idea que tenemos sobre el futuro
o el curso de las aguas donde flotamos
Todos saben que eres lluvia desnuda
raíz de mandrágora
vida rumorosa
catedral antigua
liquen sumergido entre mis rocas

(Publicado en Como piel de ángel)

***

Vellocino

                                        a Caupolicán Ovalles


El cuenco de nácar cría hierbas al borde de la vulva
estremece perfumes seminales
anuncia ofrendas destinadas a la lengua salvaje
y al sentimiento de las abejas
que respiran miel sobre su aliento
El vellocino enmascara ese delirio nocturno
y la almendra se desnuda al paladar
a los aceites a las sombras:
Nos devuelve la vida.
Armadura vegetal para encontrarte
fragorosa como una estrella
pálida en el aire
Dulce al amanecer como montaña
imperceptible sueño colibrí
Abierta como estás a las zarpas de la noche
vigilo la caída de la luna
sobre tus dientes de canela
Me recobro de tanta tristeza
me acomodo junto a tu dulce corazón
despertando en ti tibias alegrías


***

Pedrería y fulgor

                                                 a Sergio de Camargo

En medio de las telas del bosque
una princesa enjoya las hojas
con sus ademanes de piedra preciosa
En medio del silencio de los días
una voz delgada como canto de pájaro
envuelve la soledad
¿Qué será de mi ahora que los
astros se acercan a la oscuridad
de tu rostro
para alumbrarme?
Todo proviene del pasado
estaba escrito en mi memoria
en los sueños de mi tribu perdida
Sé que todo se ha cubierto de aguas
para rescatarte en mitad del cielo
como ave sagrada que desciende a la tierra
          Te he invocado princesa
no sé qué olvido me corresponde
no sé qué conflagración me amenaza
en medio de las noches
No puedo seguir vagando
las estaciones te imitan para ocultarte
Sólo la canela del olvido
el aire resplandeciente de las centellas
y un sonido bajo las aguas
presencia tu sombra
y tu nacimiento
Estabas en le lecho de las guerras
predestinada al viento
a la lluvia del paraíso
al delirio de los iluminados
Apareces en medio de turbas de pájaros
y serpientes conduciendo el oro del sol
los atavíos del alma
el fuego de la tierra
Y no espero nada más
apenas el ruido de los conejos de monte
el paso de las luciérnagas
como telas imantadas para tu cuerpo
Un viaje nos vuelve a la vida verdadera
un corazón que espera
refleja sus máscaras nocturnas
en los sembradíos de las montañas
Todo se hace pedrería y fulgor
Princesa
es el aire que viene de muy lejos
entre tonadas tristes
Princesa de olvido

(Ambos poemas publicados en Metal de soles)

María Clara Salas


Nació en Caracas (1947). Poeta, filósofa y docente universitaria. Doctora en Filosofía por la Universidad Central de Venezuela. Entre sus publicaciones poéticas se encuentran: Dibujos de la sombra (Celarg, 1980), Linos (1989), Un tiempo más bajo los árboles (Monte Ávila Editores, 1991), Cantábrico (El pez soluble, 2003), 1606 y otros poemas (2008).

Con Linos obtuvo el Premio Bienal de Literatura "José Rafael Pocaterra" (1986), Premio Municipal de Poesía (1991), Premio Consejo Nacional de la Cultura "Francisco Lazo Martí" (1992), Primera Mención en la Bienal "Mariano Picón Salas" (2001).

A continuación algunos poemas de Un tiempo más bajo los árboles (Caracas, Monte Ávila Editores, 1991):


los elegidos

elegidos son en verdad
los que a sí mismos
se tienen como tales

elegidos por azares propicios
para la sabiduría
y la rara virtud

nos atraen
aunque no somos de su número

especie feliz
oportunos en la risa
diestros en la difícil cualidad
de apreciar lo fugaz
viejos
en el arte de los encantamientos

***

mediodía

a mediodía
brillan las piedras
el cielo parece descender

las hojas de los árboles son espejos
nada se mueve

sin embargo
hay muchos aparecidos
a esta hora

el hálito de los muertos
cruza las sabanas secas
y al pasar
quebramos ramas blancas
muy semejantes a huesos

***

nave

los ojos de la nave
observan el mar

elí dice que tifis fue castigado
por los dioses

dioses arbitratios
celosos

¿acaso podemos estar al margen de lo divino?

¿quién impedirá nuestro viaje
a las aguas celestes?

de ellas venimos
a ellas volveremos

***

un tiempo más bajo los árboles

no hay estación en el río
sólo movimiento
en él disperso
la sorpresa de estar
un tiempo más bajo los árboles

simple tregua
mientras todo se borra

después
otros   encontrarán el río

olerán las flores
conocerán también
el esplendor del mundo

***

3.

a veces llega
la noción de lo eterno

crece
la belleza inesperada
del movimiento
del árbol

contrario a lo que pueda suponerse
las cosas hablan
repiten
el nombre
del dios desconocido

***

5.

lo sagrado camina por todas partes
sorprende que su presencia
no sea notada
por algunos

la risa de los que se han ido
se oye en los campos
el silencio de la noche
apenas logra
acallar sus voces

la delicia del agua
entra
en nosotros
cuando de improviso es movida
por manos invisibles

***

7.

puedo volver a ese bosque
de doradas hojas
donde las infinitas deidades
de pussin
se tienden sobre la verde hierba
y dejan sus desnudos cuerpos
a merced
                   de un aire transparente

***

11.

lo importante es el mar
el golpe de la ola
contra las rocas
tu presencia
hijo
tus manos
que prolongarán mi especie
la raza de los vanamente atormentados
la raza de los adoradores del mundo

***

13.

no entiendo
aquello que se dice más allá de los sentidos
este mundo
                        a veces es perfecto
y es fácil olvidar cualquier otro

***

DEJA QUE TUS SENTIMIENTOS VAGUEN LIBREMENTE
acepta ese sentimiento
pierde la razón
conviene que te burles de ti misma
de esa inclinación desordenada
hoy debes recordar
que eres ceniza

***

TENGO LA IMPRESIÓN
de haber pasado
por alto
momentos importantes

la página blanca
no será llenada
con la insensata
refelexión

dejaré mi cuerpo en la arena
y por esta vez
renegaré del silencio

viernes, 10 de agosto de 2018

Cecilia Ortiz



Nació en San Casimiro  (estado Aragua) en el año 1951. Estudió Letras en la Universidad Central de Venezuela. En 1978 publicó su primer poemario: Trébol de la memoria.

Entre sus publicaciones se encuentran: La pasión errante (1986), Autorretrato (1993), Naturaleza inventada (2004), Entremarino (2006), Daños espirituales (2007) y La espera imposible (2017).

Ha dirigido numerosos talleres literarios en instituciones pública y privadas.


Poemas de La pasión errante:

I

Imposible dormir.
Oigo el oleaje de su respiración.
El brazo en mi pecho
pulso de la tierra.
He perdido todos los sueños
en su cuerpo.

***

III

Mis besos ahora no duran
más de tres horas.

Antiguamente
eran para la eternidad.

Mis besos no son los mismos
desde que conocieron la muerte.

***

IX

Qué hago ahora que vengo
del planeta de tus brazos.

No me reciben.

No entienden mi desafuero.

Cambiaron las formas,
se expanden las llamas.

No se contienen.

Me dejaste una pasión
que ahora no sirve a nadie.

***

XV

Un universo de tinieblas
nos rodea.
Es a ti a quien amo.

Desnudos, hambrientos,
a la intemperie,
sin cielo.

Los cuerpos se buscan.

No hay paz
hasta que el sol de la piel
los esparce.

Entra la luz por la ventana.
La vida muere en los sentidos.
Otro final conduce al encuentro.

***

XXIV

Abrázame.

Sólo la piel restaura lo perdido.

En la oscuridad está el abrigo.

***

Poemas de Autorretrato:

Paraíso grabado

Luna huye conmigo
hacia la noche borrada
Sol desciende como aspiro
Ave vuélame en plumas febriles
Barca húndeme y tropieza
los pedazos de madera
llévame en aguas desconocidas
Ventana acércame a los cristales húmedos
Ruido ensordece la voz alada
Fantasmas bajen de mí
disuelvan sus pesadas redes
Paz habita la cáscara
Pieles únanse en el descanso
Besos quemen la boca
Llaves abran el paraíso grabado

***

Anonimato

Si muerdo de cerca la vida
asusto
Puedo electrocutar la ciudad
pero la ciudad me ignora

***

Tejedora en abril

Tristeza
se acabó la pared colgante
sólo queda la palabra fugada
la punta del hilo
para tejer de nuevo

***

Temblor del día

Vivo en el futuro
Página devorada por las horas
Amo ese día brillante que tiembla por mi día

***

Conquista

Una carga de frutos pesados
no me hace amarga

Soy un ser conquistado  por la delicia


jueves, 9 de agosto de 2018

José Lira Sosa


Foto de Enrique Hernández D'Jesús


Maturín (estado Monagas) 1930 - Porlamar (estado Nueva Esparta) 1995.

Poeta, dramaturgo, docente y periodista

Considerado por Hesnor Rivera como el fundador del surrealismo venezolano, junto a Juan Sánchez Peláez, de quien fuera discípulo.

Entre sus libros destacan Fiat-Lux (1954), A la gran aventura (1960), Vicios ceremoniales (1965), Por mi cuenta y riesgo (1967), Oscuro ceremonial (1975), Contraseña (1981), Enseres y atavíos (1989), Con la palabra en la boca (1994), Alrededor del fuego (2007) donde se reúne toda su poesía. En dramaturgia destacan las obras Círculo vicioso y La rebelión de los muñecos.

A continuación algunos de los poemas que conforman el libro Enseres y atavíos.

Imperativo

Sé cauce de pájaro en las coordenadas
     frágiles del sueño
     vuelo del río para mis manos
     inhábiles

Sé brote de planta medicinal
     parábola de piedra preciosa
     lanzada al aire libre
     hamaca en el roce
     de las pieles desnudas
     mañosa en el agua
     gota a gota en la caricia
     sucesiva

Sé la furtiva la asediada
     la sorprendida

Sé vientre propicio
     única almohada lacerada
     por mis uñas

Sé la línea de fuego
     desplaza el círculo amarillo

Sé tú la única la exaltada
     en el asombro de los flamboyanes

***

Día de caza

La piedra confía en la honda
en el párpado avizor
fiel al tino de la mano amiga
encuentra el ala del pájaro
su plumaje invicto
Vuela la piedra en destellos celestes
corta la hojarasca
donde anida el sueño
El relámpago sangriento
turba el reposo
de la doncella al pie del árbol
entre sus muslos
el ave ensaya los últimos picotazos
trémulos
La tarde tizna
la hierba húmeda que arropa
el puñado de plumas olvidado
por los amantes.

***

Talismanes ineficaces

Nada de presagios
enturbiados por los gestos
Nada de profecías andrajosas
recogidas a la vera del camino
Nada de voces al calor
de leños susurrantes
en las salas del sacrificio
en los zaguanes nostálgicos
en la pelambre de los lobos
ancestrales

Los hechos se reducen
a una lámpara seducida por la penumbra
Una lámpara colgada al borde del precipicio
para purificar a llama lenta
el temor a car en la trampa
a ser aprisonado por el abismo

Los talismanes pierden su eficacia
desafiados por el miedo
a transformarse en llaves
en piedras de toque
en puertas abiertas a bosques inimitables
Sólo el resplandor
el esmalte abatido de tus muslos
ofrendan el equilibrio
de una ebriedad perdida en el paraíso.

***

Poema 1

Acostada en la arena
bajo el planear de alas blancas
la cabellera de la mujer
tejida de plumas de pájaro
que hunden sus garras
en la espuma furiosa
y las algas servidas
con los senos al viento
de la tempestad

***

Poema 2

Los maderos frescos de las piernas
asumen los ímpetus del naufragio
El nido
de flores hundidas
y las rejas abiertas
escurren entre los dedos
pequeños faroles encendidos
que alumbran el vacío.

***

La tala

Oigo el fervor destilatorio
la savia recién cortada en chasquidos
de machetes sudorosos
Escucho el silencio predilecto
que modela el barro de los amuletos
la sombra ruidosa de los árboles
talados al medidodía
Percibo su derrumbe en un naufragio
de intacta clorofila
Luego abandono el bosque
para perseguir tu silueta tatuada
en los bejucos
provocadora y pertinaz
huyes a campo traviesa
dejando una estela de culebras
hechizadas
por el ritmo de tu paso.

***

Otro vaticinio

Perseguida
por las cicatrices de la calamidad
despojas tus muslos de los amuletos
estampados por mi lengua
para espantar los pájaros del sacrificio
Momia perspicaz ocupa tu lugar
en el laberinto
acecha la fragancia de otro vaticinio
descubre el rostro cómplice
en los confines
donde el letargo cuelga
en la penumbra de la lámpara
vertida como tela de araña
Tú despojada por la lluvia
oxidada en el sopor
de las cortinas de arena
Tú vuelas por esos derroteros.

martes, 7 de agosto de 2018



Aquí les comparto los poemas de Estoy de luna llena, de Martiza Guaderrama. No tengo demasiados datos sobre la autora. Lo que puedo contarles de este libro es que lo descubrí en la biblioteca de un sitio donde trabajé a principios de los 90, me llamó la atención y lo hojeé, ahí tuve mi primera conexión real con la poesía, tanto así que cuando me fui de ese sitio decidí llevarme el poemario conmigo.

Este poemario ganó el Premio Fernando Paz Castillo en 1988 y se publicó en 1989, tiene apenas 46 páginas y consta de dos partes: «Piel de eclipse»  (21 poemas) y «Estoy de luna llena» (15 poemas). Los poemas son muy breves y no tienen título. En esa edición del premio el jurado estuvo conformado por Yolanda Pantin, Eleazar León y Eduardo Castellanos.

«Piel de eclipse»

Vienes cansado
de arrastrar cuartos menguantes

Emerjo de la luna que soñabas

Olvida si las noches
no te borraron el nombre
Hoy responderás
a cualquier sonido de mi cuerpo
y todo lo que hagas

lo llamaré placer

***

No me busques

Estoy yendo hacia ti
pese a ti mismo

He visto tu miedo de cangrejo
tu sed de mar picado para siempre
tu rostro
      he mirado tu rostro

Desconfía de todos los espejos
si en ellos no estoy yo

***

Siempre vienes a mi
con un espejo roto en el bolsillo

Mis dedos acarician el grito de tu imagen
Lamo la grieta en el techo
que desgasta tu ojo fijo

Hecho añicos a mi acudes
porque sabes que te abrazo
y me placen las heridas

***

Quise vestirme de oscuridad
para que tus ojos
        acostumbrados al fracaso
no me vieran

Quería saber
cómo soportan tus manos el frío
cómo secas tu cuerpo
del sudor de la esperanza

Pero esta noche estoy alegre
y lo único que sé es andar desnuda

Darte tristeza es imposible

***

De tanto concentrarme
         me estoy precipitando

Mi cuerpo
          negra masa
          núcleo
          fuego
preludio de estallido

          Comprendo a las estrellas


***

«Estoy de luna llena»

3

Debasta viento
lo que el mar no puede

Transforma mi boca
en caracol sin ermitaño
y mis ojos
en nidos de gaviotas

Arrastra los erizos de mis sueños

Hazlo
no puedo atarte

***

4

El mar no sabe
que construye cuevas
que divide rocas y las perfila
que destruye cerros
                   y fecunda arenales

Lo comprende la ola
con su sabiduría de lengua

***

6

No acampes playa arriba

siempre estoy
           de luna llena

***

7

Abrazas mi piel
con la fuerza del incrédulo

Del sexo y del amor
son los dedos que acarician

La luna brilla
por el roce de la luz

               sólo por el roce

***

9

Cuál es la antigüedad del fuego

La del cielo oscuro
sobre la tierra seca

La del relámpago en el tronco

La de mi cuerpo
                          bajo el tuyo



sábado, 28 de julio de 2018

Ida Gramcko (1924-1994)


Compañía

Un poeta callado es como un bosque que pide luces para
su intrincado sendero. Un poeta callado no indica desamor.
En donde hay bosque, siempre hay promesa de trino.
Un poeta callado es una sed. No lo lances al agua,
en vertiginosa y poco inteligente zambullida. Aproxímale
el vaso de agua. Canta cerca de él.
Un poeta callado es como un ave revoloteando en el boscaje.
No lo presiones con el canto. Eso sería enjaularlo. Pero
tampoco le ofrezcas muchos árboles, ramas y frutos. Eso
sería llevarlo a la deriva. No lo encarceles. Pero no lo
vuelvas impreciso. Poda los ramajes. Hazle olvidar
los árboles. Señálale, simplemente, el nido. Y el gorjeo vendrá.

Javier Lasarte (Poeta venezolano, 1955)

De Javier Lasarte. Nada personal. Caracas: Fondo Editorial Pequeña Venecia, 1977.

Clase de Castellano

-¿Quién me puede decir
cuál es la diferencia
entre el amor de los poemas
y el de las telenovelas?

-...

-¿Nadie lo sabe? ¡No puede ser!
A ver, tú, Pedrito...

-Mmmm...,
¿será el lenguaje, Profe?

-Muy bien, Pedrito
¿Alguna otra diferencia de importancia?

-...Creo que no, Profe.

-Llegarás lejos, Pedrito.

Yolanda Pantin




Nació en  Caracas en 1954. Estudió Artes en la Escuela de Artes Plásticas del estado Aragua y Letras en la Universidad Católica Andrés Bello, en Caracas. En 1978 fundó el grupo universitario Rastros, cuya revista ilustró y en la cual publicó sus primeros textos. Estuvo en el taller literario Calicanto, dirigido por Antonia Palacios. En 1981 formó parte de los fundadores de Tráfico, era la única mujer. En 1986 el Consejo Nacional de la Cultura le otorgó una beca de creación, por dos años, para desarrollar  sus proyectos literarios. Fue periodista cultural del semanario Número y  coeditora de la revista Qué Pasa. En 1989 fundó con otros escritores el Fondo Editorial Pequeña Venecia, dedicado a la publicación de poesía, y trabajó como coordinadora editora hasta 1994. Fue miembro de la Editorial Luna Nueva de la Universidad Metropolitana de Caracas. Se hizo acreedora el año 2004 de la Beca Guggenheim.


Los bajos sentimientos (1993)

Así es la vida

Todo es verdad: todo es mentira: todo es espejo


Erotia

Reconozco en ti lo que apenas conozco
y sé 
que la piel de la espalda
al roce quema


 Correo del Corazón (1985)


Vitral de mujer sola


Se sabe de una mujer que está sola
porque camina como una mujer que está sola
Se sabe que no espera a nadie
porque camina como una mujer que no espera a nadie
Esto es
se mueve irregularmente y de vez en cuando se mira los zapatos
Se sabe de las mujeres que están solas
cuando tocan un botón por largo tiempo
Las mujeres solas no inspiran piedad
ni dan miedo
si alguien se cruza con ellas en mitad de la vereda
se aparta por miedo a ser contagiado
Las mujeres solas miran el paisaje
y se diría que son amantes
de las aceras/ de los entresuelos/ de las alcantarillas/ del subsuelo
de los subterfugios
Las mujeres solas están sobre la tierra al igual que sobre los árboles
les da igual porque para ellas es lo mismo
Las mujeres solas recitan parlamentos
estoy sola
y esto quiere decir que está con ella
para no decir que está con nadie
tanto se considera una mujer sola
Las mujeres solas hacen el amor amorosamente
algo les duele
y luego todo es más bien triste o colérico o simplemente amor
Estas mujeres se alumbran con linternas
van al detalle
saben donde se encuentra cada cosa
porque temen seguir perdiendo
y ya han perdido o ganado demasiado
Ellas no lo saben
porque van del llanto a la alegría
y a veces piensan en la muerte
También planean un largo viaje e imaginan encuentros posibles
Administran el dinero
compran legumbres
trabajan de 8 a 8
Si tienen hijos hacen de madres
son tiernas y delicadas
aunque muchas veces se alteren
un pensamiento recurrente es
ya no puedo ni un minuto más
Las mujeres solas tienen infinidad de miedos
terrores francamente nocturnos
los sueños de tales mujeres son
terremotos catástrofes sociales
Una mujer sola reconoce a otra mujer sola de forma inmediata
llevan el mismo cuello airado
lo cual no quiere decir que no quieran a nadie más que a sí mismas
esto es completamente falso
Lo cierto es que la casa de una mujer sola
está abierta a su antojo
Una mujer sola
no puede curar su soledad
porque nada está enfermo
se remedia lo curable
una gripe o un dolor de estómago
La mujer que piense que su soledad es curable
no es una mujer sola
es un estado transitivo entre dos soledades
infinitamente más peligrosas
Una mujer sola es una mujer acompañada
aunque de este hecho no se percate más que el zapato
al que mira con detenimiento
o el botón
que parece representar algo verdaderamente importante
como de hecho lo es
como los árboles o el cielo
sólo que el privilegio que deriva de semejante atención
es más bien propio de las almas temperadas al siguiente fuego:
id contigo
para estar con vosotros

De Poemas del escritor

El escritor está solo



El escritor está solo

solo ante él

solo ante el mundo

solo ante la persona que ama

Esto último lo aterra

“¿cómo solo?”

Trata de poner en orden sus pensamientos

-la persona amada tiene los ojos color miel-

El escritor tiene un gran miedo

“¿qué diferencia este amor del otro?”

-la persona amada lo mira desde el fondo de sus ojos-



El escritor está aterrado



El amor blande su arma contra un niño

María Auxiliadora Álvarez


Nació en Caracas en 1956. Estudió Letras Hispánicas en Estados Unidos y Artes Plásticas en Colombia y Venezuela. Ha dado clases en Miami University (Ohio), University of Illinois y UNAM (México). Ha hecho crítica literaria y cultural, y ha expuesto en diferentes ocasiones su trabajo plástico. Ha publicado los libros de poemas: Cuerpo (1985), Ca(z)a (1990), Inmóvil (1996), Pompeya (2003), El eterno aprendiz y Resplandor (2006).

Es Premio de Poesía del Consejo Municipal de Cali (Colombia, 1974), el Premio Fundarte de Poesía (Caracas, 1990), y el Internacional Award María Pia Gratton (USA, 1999), entre otros.


Cuerpo
(1985)


1

hubiera podido reunirlo
el dinero doctora
vaca amarga castrada que me agrede
para tener mejor asistencia
su ojo más detenido
si el embarazo durara varios años
a medida que me hubiera ido inflamando
cada arcada
                            cada pelo que cayese
cada estríalo hubiera ido guardando
recordando
                    su baba
 bata blanca sanguinaria
porque yo trabajo mucho
vaca baba bata blanca corrosiva que me agrede
lo hubiera ido reuniendo
                              desde niña
de haber tenido alguna pequeña inflamación
                                                 que lo indicara
a medida que usted fuera estudiando
yo lo estuviera contando
abajo
al centro de mis cuclillas
donde ahora usted lo busca
su baba blanca castrada
no se le hubiera ensuciado
con mis fragmentos acuosos
hijo carnicero órgano semental
hubiera podido reunido
el dinero doctora
porque yo trabajo mucho
baba amarga                    vaca blanca

4
usted nunca ha parido
no conoce
el filo de los machetes
no ha sentido
las culebras de río
nunca ha bailado
en un charco de sangre querida
doctor
NO META LA MANO TAN ADENTRO
que ahí tengo los machetes
que tengo una niña dormida
y usted nunca ha pasado
una noche en la culebra
usted no conoce el río

17
sola con él
el cuerpo que we desangra el hedor
el Cerdo
             que se revuelca
                                      lento
de nuestros hijos
de nuestros padres gelatinosos
por miedo
por escrúpulo de sangre no debías haberte ido durante el Cerdo
y dejarme 
               con el ojo de grasa
                                             que se revuelca
                                                                     lento
desde la infancia
                          y hacia la muerte
        



viernes, 27 de julio de 2018

Luz Machado



Nació en Ciudad Bolívar en el año 1916. Fue poeta y periodista. En 1946 recibió el Premio Municipal de Poesía y en 1986 el Premio Nacional de Literatura. Vivió un tiempo en Chile, donde hizo vida diplomática. Fue dirigente del Movimiento Feminista Venezolano, cofundadora de la Asociación Venezolana de Escritores, del Círculo de Escritores de Venezuela y de la Sociedad Bolivariana. 

Publicó como poeta, Ronda (1941), La espiga amarga (1950), Canto al Orinoco (1953), La casa por dentro (1965), A sol y a sombra (1997) y Libro del abuelazgo (1997). Sus trabajos periodísticos fueron publicados en El Universal, El Nacional, El Mundo, Pregón, La Razón, Fantoches, y en las revistas Contrapunto, Élite, Shell, Revista Nacional de Cultura, Kena, Nosotras, Lírica Hispana e Imagen.

Falleció e1 11 de agosto de 1999.


La casa por dentro 

La casa necesita mis dos manos.
Yo debo sostener su cal como mis huesos,
su sal como mis gozos,
su fábula en la noche
y el sol ardiendo en mitad de su cuerpo.
Deben dolerme las cortinas y sus gaviotas
muertas en el vuelo.
Conmoverme el jardín y su antifaz de flores dibujado,
el ladrillo inocente acusado
de no haber alcanzado los espejos,
y las puertas abiertas para las recién casadas
con su rumor de arroz creciendo bajo el velo.
Debo atender su réplica del universo,
la memoria del campo en los floreros,
la unánime vigilia de la mesa,
la almohada y su igualdad de pájaros dispersos,
la leche con el rostro del amanecer bajo la frente
con esa yerta soledad de una
azucena simplemente naciendo.
Debo quererla entera, salida de mis manos
con la gracia que vive de mi gracia muriendo.
Y no saber, no saber que hay un pueblo de trébol
con el mar a la puerta
y sin nombres
ni lámparas.



XVI

El viejo mendigo reúne el abandono.
Es su riqueza.
En la carreta
que junta su vida a la esquina
como una bisagra,
están las yerbas marchitas del empirismo
o de la brujería
para el desengaño y las fiebres,
el condimento y su aroma
para el hervor de la vida
y de las maceraciones.
Un acre fermento suena sus crótalos
y esparce el ácido vaho;
aureola el breve ámbito inmediato
en el que el pobre duerme,
mientras las moscas zumban sus anzuelos azules
alrededor de sus orejas,
del mugriento sombrero,
de su espalda en arco de miseria,
de su barba como una calabaza podrida,
por encima de las frutas, las yerbas,
las legumbres, las ropas casi trapos,
por sobre toda esa realidad
que palpita pisada con un cochecito de niño
puesto encima de todo,
como única esperanza.



XXXVI

Los ingenieros tejen
una inmensa telaraña de autopistas.
La extienden en varios sitios,
allí donde hay espacio para colocar
pies, brazos, antenas de la temporalidad,
tender cabelleras, madejas, cordajes,
raíces, nervaduras,
laberinto,
caminos,
inmensa red endurecida para ir donde quiera,
pero en la que sin embargo
el hombre
queda atrapado en los regresos.

Miyó Vestrini


Nació en Francia en 1938 y emigró a Venezuela a los 9 años de edad. Formó parte del grupo Apocalipsis en los años 60,  era la única mujer del grupo; también formó parte del Techo de la Ballena y la República del Este, entre otros. Fue periodista cultural, escribió guiones de radio, hizo entrevistas y suplementos.  

La poética de Vestrini es transparente, las palabras son como golpes, se debate entre la confrontación consigo misma y con la vida, la muerte y el suicidio. Sus letras retumban por la crudeza, no filtra sensibilidades bien sea desde los temas eróticos o los que tratan asuntos cotidianos. La muerte es un elemento fundamental en sus textos. "Zanahoria rallada" fue escrita luego de su primer intento de suicidio. Falleció el 29 de noviembre de 1991.


El invierno próximo (1975)


IX

El país, decíamos,
lo poníamos en las mesas,
lo cargábamos a todas partes,
el país necesita
el país espera,
el país tortura,
el país será,
al país lo ejecutan,
y estábamos allí por las tardes
a la espera de algún doliente
para decirle
no seas idiota
piensa en el país.



Los poderosos


Nada sentimentales
                      los poderosos
Nada ambles
                      los poderosos
Nada sinceros
                      los poderosos
Nada sensibles
                      los poderosos
Eso sí
           rancios
                       ejecutantes
                                  vivisectores
                                              graciosos
                                                        ostrones   
los poderosos.

       

Zanahoria rallada

El primer suicidio es único
Siempre te preguntan si fue un accidente
o un firme propósito de morir.
Te pasan un tubo por la nariz,
con fuerza,
para que duela
y aprendas a no perturbar al prójimo.
Cuando comienzas a explicar que
la-muerte-en-realidad-te-parecía-la-única-salida
o que lo haces
para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,
ya te han dado la espalda
y están mirando el tubo transparente
por el que desfila tu última cena.
Apuestan si son fideos o arroz chino.
El médioc de guardia se muestra intransigente:
es zanahoria rallada.
Asco, dice la enfermera bembona.
Me desacharon furisosos,
porque ninguno ganó la apuesta.
El suero bajó aprisa
y en diez minutos,
ya estaba de vuelta a casa.
No hubo espacio dónde llorar,
ni tiempo para sentir frío y temor.
La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.
Cosas de niños,
dicen,
como si los niños se suicidaran a diario.
Busqué a Hammett en la página precisa:
nunca diré una palabra sobre tu vida
en ningún libro,
si puedo evitarlo.

miércoles, 25 de julio de 2018

Olga Marina Molina


Poeta, narradora, articulista y editora caraqueña, nacida en 1962. Licenciada en Letras por la Universidad Central de Venezuela. Ganadora de la II Bienal José Rafael Pocaterra 2008 en la mención de Poesía con el libro Un mundo en guerra. Recibió menciones en concursos de poesía de la Librería Mediática en 2006 y la II Bienal Literaria Francisco Lazo Martí con su poemario Palabras para hornear. Sus poemas han sido traducidos al portugués y tiene propuestas de traducirlo a otros idiomas.


La propuesta de Olga Marina en Un mundo en guerra (Monte Ávila Editores Latinoamericana, 2011) plantea múltiples posibilidades. Desde lo literario podemos atrevernos a una mirada del quehacer poético, de la creación y el proceso interior del creador para dar a luz sus textos, y también hay algo sobre la recepción de la poesía.

Desde un foco social revisamos en este libro la experiencia de la guerra, la muerte, el capitalismo, y la manipulación de los grandes poderes, como el gran poder mediático: los mass media que dominan a la humanidad y nos acompañan cotidianamente, mientras el mundo gira y todas las formas de guerra nos van devastando. Aun así nos hemos convertido en observadores habituales de ese lado oscuro de la humanidad.





1
Un mundo en guerra


Human kind cannot bear too much reality
T. S. Eliot

¿Quién tiene el Libro en las manos?

Cuando lo abre
o lo cierra -nunca se sabe-
el vértigo de nombrar lo obsede

Una mano escribe
y otra borra incesantemente lo escrito

Alguien intenta un ascenso

El sol devela la ausencia de un paisaje

Y nada comienza donde digo que comienza
y nada termina donde digo que termina



12

las parejas pelean dondequiera
se lanzan los platos a la cara
se escupen y maldicen

los niños gritan
se esconden

sucesivamente ignoran
qué deben temer más
si la ira de papi
o la de mami

y el plato de sopa arrojado de súbito
contra la pared
rebota en el piso y cae

suena la campana
aunque no señala nunca el último round

la sopa se escurre
los fideos

y el dinero no alcanza
y el marido apuesta de nuevo y bebe
y apuesta de nuevo y pierde
y apuesta de nuevo y bebe

la infancia se hace lenta
y duele


38

hay paredes
muros
difíciles de saltar o derribar

sin saber o sin querer
cada quien toma partido
organiza
su razón o sinrazón,
su juego de opuestos,
su absoluto

su pedazo de muro
llevado a cuestas


51

we regret to inform you

las cadenas de medios no lo dicen
callan
no transmiten el regreso o desembarco
no son fotogénicas las cajas
fruta fresca inservible
podrida antes de tiempo
madurada con pólvora o químicos indescifrables

un telegrama las anuncia
su noche temprana cubierta con las barras y estrellas
de una nación.


52

¿fue cierto o nos mintieron?
a Briquette Rodríguez


y mi amiga, la escritora,
la estudiosa del tema
(lleva en su cartera una foto del Führer,
celebra el cumpleaños de Albert Speer),
la pintora experta y artista sensible
grita y niega en alta voz
su existencia:
"-pero muéstrame siquiera un cuerpo,
un documento, al menos, en el que conste
el horror,
no puedes hacerlo porque no existe,
nada es real,
no murió esa cantidad,
nada es real,
todo ha sido un invento de los medios
la Historia la escriben los vencedores,
nada es real
no, definitivamente no murieron-".


Elena Vera



Elena Vera fue una poeta y ensayista venezolana que nació en 1939 y falleció en 1997. Estudió Letras en la Universidad de Los Andes, hizo una maestría en Literatura Hispanoamericana en el Instituto Pedagógico de Caracas y en esa casa de estudios ejerció como profesora de Literatura y Latín y fue jefa de las cátedras de Literatura Venezolana y Literatura Latinoamericana.

Publicó los poemarios El hermano y el extraño hombre (1959), El celacanto (1980, Premio José Antonio Ramos Sucre), Acrimonia (1981, Premio Universidad de Carabobo), De amantes (1982), Sombraduras (1988), El Auroch (1992). Es Premio Alfonsina Storni (1983) por su poema “Huésped”, Premio de la Academia de la Lengua, mención Ensayo, por su trabajo “Los Fabuladores” (inédito), sobre novela venezolana contemporánea, Premio Municipal de Literatura 1986 en ensayo con “Flor y canto: 25 años de poesía venezolana (1958-1983)”.

Con la figura femenina como elemento central en su poética, Elena Vera abre espacios las voces marginales mostrando sus subjetividades en conflicto con las normas sociales. El erotismo y las pasiones se desbordan en cada poema y llevan a los lectores por el camino de las experiencias sensoriales íntimas detrás de la escena. 



Huésped


No me siente usted en su alta mesa

no me tiente con sus manjares delicados

no me dé a beber de ese licor exquisito

no me deslumbre con sus ademanes

no resquebraje la aparente frialdad de mi cuerpo

no entre así, viento terrible, en mis días

no me enseñe el otro lado del poema

no me decrete nuevas emociones

no le conceda otro ritmo a mis noches

no borre la verdad de mis amaneceres

no diga que me ama

tendría miedo a la melancolía de la ausencia

Deme posada en el último cuarto

allí

donde nadie sepa

un sorbo de agua, apenas, para la sed

y sopa caliente para confortar el cuerpo

me iré cuando haya descansado

entraré

suavemente

en la noche

y caminaré bajo las estrellas.




De amantes
“Ponme como sello sobre tu corazón
como sello sobre tu brazo
porque es fuerte el amor
como la muerte”
El cantar de los cantares

I

Soy
la amante
No
me mires con desprecio
No tengo el número dos
en la frente
ni
sus besos ansiosos
me han abierto llagas

Soy
la amante
La que tiene todos los sueños
del mundo
y los secretos.

Vienes
en el silencio de las tardes
Pones
la máscara sobre una silla
y tiemblas
Viento salvaje sobre tu piel
Tormentas

Eres
espléndida pérdida
por donde el tiempo fluye
o
se detiene
a mi antojo
A veces ella viene
y
se instala
detrás de tu cabeza
Ella
Tu otro rostro
La
mitad
de ti mismo

Yo soy la amante
Baraja
que salta de tu mano
y es oro
sota
y reina
al mismo tiempo
Tú ojo ama la ilusión de empezar

Yo
soy la amante
Una y múltiple
Yo ya frente al espejo
doy comienzo al rito
De la mano
                               a
                                               la cara
Ojos
pómulos
labios
Seducción del maquillaje
Máscaras

Eres
lo tornadizo
lo inestable
inútil es querer cambiarte
Más
fácil
sería
guardar en un armario
el viento de la primavera.


“Cuando te vas
mis manos se cubren de noche
mi lengua se congela,
tiemblo”
Safo

La esposa diligente
se levanta temprano
llena la bañera
y
desdobla las toallas
Azules para la camisa
grises para el traje
y la corbata
signo de distinción
                Tres gotas de lavanda
subrayando el estatus
y
adiós mi amor
Te miro y me sonrío
La esposa diligente
trabaja para mí

Ella es
la otra
aquí
Yo soy
         la otra
allá
Simple problema de distancias
La que entre tus brazos
será
única
Todos los días
mi cuerpo tiembla por ti
pero tú
ni te enteras
Duermes plácidamente
en tu cama king-size
abrazado a ella
a tu vieja costumbre
de viejo mueble usado
Te estás muriendo en vida
Te estás cayendo a pedazos
y ni te enteras
Y mientras tanto
tiemblo por ti
                todos los días
Yo que soy la vida
Yo
que soy la flor de la maravilla

El amor
dices
debe ser trivial y ameno
fácil
e intercambiable
Se entra
Se juega
y nada de altos precios
En tus ojos aprendo
el grito y la mudez

Marco en el teléfono
la señal convenida
y tres veces ella responde
solícita
dulce la voz
vigilante
cuida su comarca
Pertenencias
Eso que tú eres
como sus vestidos
y sus ollas usadas

Acercas las pestañas
a mi llama
y nada dices
Si hablas te comprometes
Vas y vienes
saqueando mis ventanas
Encantas
y no te comprometes
Vamos a negociar
te digo
y me sonrío
Me incluyes en el pasivo
pero
          tú
                               no te comprometes